Las Guayaberas Nora son una marca de prestigio en Nicaragua. Las prendas surgidas de un pequeño taller de la ciudad colonial de Granada, gozan de renombre no solo en la tierra de lagos y volcanes, sino en otras latitudes, en la región norte, centro y suramericana, inclusive más allá.
Este tipo de prenda de vestir es en esencia un elemento cultural que representa la cultura latinoamericana. Símbolo de estatus y otros significados tan amplios como los que su usuario pueda darles, y diversos también como el mercado mismo en el que se puedan conseguir.
Destaca el producto hecho en esta nación no solamente por el sentimiento de pertenencia, sino por los sobrios diseños y la fina costura que hasta un no conocedor puede apreciar.

Nora Quintana es la propietaria de la pequeña empresa textil. No es originaria de la Gran Sultana, sino que llegó a esa ciudad en el año de 1972 tras el terremoto que azotó la urbe de Managua.
Habría llegado a las calles de pretil y construcciones de taquezal, sin conocimientos ni pistas de que iniciaría un negocio basado en el vestuario.
Para esa época su experiencia en el ramo era la de importar prendas de ropa de alta gama y revenderlas en su boutique a los consumidores nacionales.
De ahí, sin embargo, extraería el buen gusto que después puliría con los años y plasmaría en las prendas de gran valor entre los conocedores.

Aprendió viendo, tomando inspiración de diversas fuentes, hasta de los patrones en papel para regalo, y adaptando todo a su estilo y el gusto de sus clientes.
“El destino ustedes saben que lo lleva a uno a lugares… En mi caso, me llevaron a hacer guayaberas. Yo nunca había hecho guayaberas pero gracias a Dios el Señor me mandó una muchacha de Masaya”, cuenta, mientras afina en su máquina de coser los detalles de la próxima prenda a ser ensamblada.
Reconoce que fue en esa joven en la que encontraría una trabajadora talentosa y con la que daría inicio al emblemático establecimiento y con la que daría inicio al emblemático establecimiento.
“Y la muchacha me resultó. Sabía de todo, hacer pantalones de varón, hacer sacos de varón y me llegaron a dar a hacer dos guayaberas”, cuenta sobre su primer encargo.

Asegura haberse visto motivada a incursionar en el mundo textil porque tenía la impresión de que la ropa elaborada para ese entonces, particularmente las camisas elegantes eran “muy comerciales”.
“Cuando me llegan a dar a hacer estas camisas yo veo la calidad de camisas que me llegan a dar a hacer, eran unas americanas, pero no eran bordadas y le digo yo a la muchacha: Podemos hacer esta camisa mejorando nosotros con bordados y otras cosas salidas de mi cabeza”, dice aún emocionada por haber encontrado un giro de negocio.
Fue ahí donde tomó como lienzo las telas de confección y con el talento de armado de su nueva asistente empezaron a tomar encargos.
“Y entonces fue ahí donde le digo a la muchacha: hagamos guayaberas, pero no teníamos las máquinas y no teníamos nada. Fuimos a Masaya a ver las máquinas que usaban y entonces hice un préstamo, fueron 10 mil dólares los que me prestaron”, reseña.

Con ese primer apalancamiento logró hacerse de dos máquinas y para aprender a usarlas contrató a dos costureras de la ciudad vecina de Masaya.
“Aquí éramos nulas completamente, en Granada nadie hacía camisa guayabera y yo menos que venía de Managua, pero estas muchachas vinieron y ellas enseñaron cómo se manejaban las máquinas y yo ojo al Cristo. Yo viendo, viendo a la muchacha que cortaba y le preguntaba, entonces viendo yo aprendí”, afirma.
Desde esa época han pasado 47 años y desde entonces sus confecciones fueron ofrecidas a clientes particulares y hasta cadenas de ropa radicadas en Nicaragua.
Después de aquel primer diseño, que bautizó como “tradicional”, ha venido trabajando a lo largo del tiempo hasta alcanzar casi 200 estilos diferentes, limitándose siempre por el corte clásico de la prenda.

“Gracias a Dios ha sido un éxito. Claro todo principio cuesta, no les digo que de primas a primeras yo tuve un montón de clientes. De primas a primeras yo les digo que perdí unas 20 guayaberas. Todos mis diseños son originales, no sacados por mí, pero tenía una diseñadora que era lo máximo, yo creo que en todo Nicaragua”, asegura con el recuerdo fresco de antaño.
Amandita, era la artista que traía de lo abstracto a la realidad toda la creatividad de doña Nora.
Aunque hoy la artista ha partido del plano de vida, sus diseños y estampados viven todavía en cada una de las prendas colgadas en la sala de exhibición, que es también la sala de estar de la casa de habitación de la matriarca de las guayaberas.
La confección de estas prendas se mantiene con la misma rigurosidad con la que inició, utilizando las mismas técnicas y proceso que aunque perfeccionado con el pasar de los años, todavía guarda aquella laboriosidad característica que hace de cada prenda un producto único, irrepetible y exclusivo.

“Y gracias a Dios el que viene le encanta, no saben qué escoger. Y vaya, bendito sea Dios que les gusta”, asegura.
Teniendo aún una base sólida de clientes, un producto insignia bien definido y al contrario de lo que podría creerse de un artículo tan clásico, doña Nora continúa innovando y viene incluyendo trajes de niña y niño, con los que continúa enamorando al público.
Siendo este trabajo tan meticuloso, no acepta encargos de gran tamaño. Cada semana, logran hacer hasta 5 guayaberas, como máximo, por lo que da siempre lo mejor en cada entrega y con ella el cliente lleva consigo también un pedacito de historia.














