La compañera Alma Nubia Baltodano, magistrada del Consejo Supremo Electoral (CSE) fue condecorada con la Orden Augusto C. Sandino, por el Presidente Daniel Ortega, en reconocimiento a su vida de lucha que inició desde los 16 años y que tras haber sufrido la pérdida de sus manos, continúa siendo firme, defendiendo las conquistas del pueblo, su soberanía y dignidad.
En el programa Revista En Vivo, el periodista Alberto Mora, entrevistó a la compañera Alma Nubia Baltodano, quien relató cómo inició la lucha, cuáles fueron sus motivaciones y algunas anécdotas que reflejan su alto nivel de compromiso con el pueblo nicaragüense.
"Los orígenes de nuestras luchas son la continuidad de la lucha del General de Hombres Libres y agradecemos a nuestro Comandante y a la Compañera el reconocimiento que nos dio, para mi personalmente es un honor, es una gran responsabilidad, es algo que siento que se lo merecen muchísimos más compañeros y que a través de nosotros se reconoció toda una lucha de un pueblo por los ideales de Sandino", dijo Baltodano, al inicio de la entrevista.
"Vamos a seguir siendo firmes y vamos a seguir luchando por nuestra soberanía y por nuestra dignidad, con dignidad y con amor a luchar contra la pobreza", agregó.
Baltodano recordó que a ella le tocó vivir en una etapa donde ser joven era un delito.
"Y de ahí hay que partir, el ser joven era un delito y obviamente eso te impulsa más al involucramiento. Es cierto que estaba bien joven, pero ya había un antecedente en Nicaragua, de una lucha que se venía viviendo a través de los movimientos estudiantiles, a través de la Insurrección de Septiembre en León, después la muerte de Pedro Joaquín que también generó grandes movilizaciones. Y ahí nos fuimos involucrando y luchando hasta que la misma dictadura impuso toque de queda, que no podíamos salir a determinadas horas y que nos revisaban a ver si teníamos algún rasponcito, y si lo teníamos adiós mis flores", relató.
"Entonces todo ese involucramiento en una lucha de querer derrocar a una dictadura somocista que teníamos más de 40 años de tenerla, nos hizo que nos involucráramos más", mencionó.
La compañera Alma Nubia Baltodano, recordó que siendo adolescente fue expulsada del colegio San José, por su apoyo a la lucha insurreccional.
Explicó que en aquel entonces se desarrollaron distintas formas de lucha, desde los movimientos estudiantiles de secundaria y los comités de acción popular.
"Habían distintas expresiones organizativas en los barrios que en el día trabajamos con los movimientos estudiantiles, pero ya en la noche o los fines de semana era a través de los barrios que hacíamos propaganda armada para que se sintiera que había un apoyo de parte de la población a la lucha por el derrocamiento de la dictadura", comentó.
"Es importante entender de que son etapas de la vida, que me tocó vivirlas porque nací en determinado año y que tuvimos una actitud porque lo demandaba la situación, de que hubo un gran involucramiento, porque la misma represión hacía también que nos involucráramos con mayor fuerza en contra de la dictadura", valoró.
Baltodano relató que fue en las labores de apoyo a las acciones de propaganda armada, que perdió sus dos manos, mientras elaboraba una bomba de contacto.
"Dentro de esa lucha, cuando se daban los toques de queda, una de las formas de hacer presencia eran las bombas de contacto, estas bombas de contacto las hacíamos en cada barrio y a determinada hora las tirábamos y hacíamos una expresión de que todos los barrios estaban a favor, era una lucha sicológica... En medio de estar haciendo esas bombas de contacto fue que yo perdí mis manos. Yo las perdí un Jueves Santo un 12 de abril de 1979", indicó.
Cuando ocurrió el accidente, ella tenía a su hermana mayor Sulema presa en Matagalpa, porque la guardia somocista le había encontrado fotografías de héroes y mártires utilizadas para ilustrar una galería en la universidad.
La compañera rememoró que tras el accidente fue atendida en un hospital capitalino, de donde luego tuvo que salir porque la guardia podía detenerla, y finalmente fue atendida en una casa de habitación, donde fue operada de las piernas a punta de gillette.
"Un doctor Prado me llegaba a curar y llegaba vestido de sacerdote porque tenía que pasar varios retenes en esa época", contó Baltodano.
También recordó que meses después se asiló en la Embajada de Venezuela, y posteriormente los compañeros Mercedes Borge y Walter Mendoza, la trasladaron hacia Masaya, desde donde partió en avioneta hasta Costa Rica.
Mientras estuvo en Costa Rica sucedió el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, pero ella no regresó a Nicaragua, sino que fue enviada a Cuba, para tratar su salud y rehabilitación, afectada por la bomba de contacto.
Baltodano regresó a Nicaragua y de inmediato se involucró en las tareas que la Revolución inició para reconstruir el país.
Se involucró en la Cruzada Nacional de Alfabetización, y estuvo en Yalí, en varias comunidades en la ribera del Río Coco, donde atendió a grupos de brigadistas en cuestiones logísticas.
"Eso es una gran lección, una gran experiencia, me sentía fortalecida. En ese entonces no me sentía sin manos", dice Baltodano señalando que tantas tareas no dan tiempo para pensar en |las limitaciones propias.
"Las tareas, la alfabetización, los batallones estudiantiles de la producción, las milicias organizadas, eso te daba un sentido de vida y de compromiso que te daba fuerza para seguir adelante", aseguró.
En 1985, Baltodano se integró en la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES) donde fue la segunda presidenta de esa organización. De esta experiencia recuerda la consigna de su periodo al frente de la FES. "Poder del Alma. Viva la FES". "Eso se volvió una consigna que en ese Maestro Gabriel, ese poder del alma se sentía poderoso", dice sonriente la compañera Alma Nubia Baltodano.













