Al maestro Ronald Abud Vivas le gusta que lo nombren con sus dos apellidos, porque hace honor a su padre y madre; este excepcional artista que ha hecho historia por más de 50 años junto a su agrupación el Ballet Folklórico Nicaragüense, se describe como un personaje vanidoso y le gusta que le “echen flores”.
“Yo soy muy vanidoso, mirá, yo creo que las paredes se me caen de diplomas y medallas y ya no quedan más premios que darme, al menos que inventen otro. Y pienso que hay uno que no me lo han dado, porque no lo tienen, que es el de Humanidades, porque ese te lo dan hasta que te morís", dijo con tono orgulloso.
Abud Vivas aseguró que todavía tiene muchos años, disposición y ganas para continuar en el ballet, porque lo lleva en la sangre, es algo que lo ha consumido durante más de dos tercios de su vida.
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"El final solo Dios me lo da, yo siento que soy un volcán que no ha terminado de hacer erupción; porque hay tantos montajes que todavía no he terminado; o no da tiempo o no hay recursos o no hay orquestación", comentó.
El máximo precursor del Ballet Folklórico Nicaragüense, reflexionó que mientras tenga salud y vida, “y gente como este Buen Gobierno que apoya, el arte, la cultura, vamos a tener ballet para rato, porque cuando mis fuerzas no me den, si Dios quiere, están los relevos generacionales, que es una de las cosas, que Dios me iluminó”.
Este artista mencionó que a sus 72 años de edad, ha comprendido que la juventud es la dueña de esta obra. “Por eso yo soy su servidor, no soy su jefe, porque aquí todo mundo está por invitación".
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Surgimiento en Diriamba
Para 1969, el Ballet Folklórico Nicaragüense se da a conocer en una convención de Cámaras Centroamericanas, y a partir de ahí, no ha dejado de brillar hasta el presente.
“El Ballet Folclórico Nicaragüense tiene su origen en 1969, en esta ciudad sede Diriamba; es por una Convención de Cámaras Junior que se dio aquí a nivel centroamericano y, nosotros nos preparamos para representarlo, y ahí surge, va creciendo a nuestros días”, indicó.
Uno de los objetivos del Ballet Folklórico Nicaragüense es que la juventud aprenda a conocer y apreciar lo propio, y solo de esa manera va amar a Nicaragua.
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En el ballet siempre hay que estudiar e investigar
Abud Vivas recordó que en el crecimiento del ballet, llegó un momento que se dio cuenta que no estaba preparado, y para seguir avanzando tuvo que estudiar e investigar.
“Apoyarme de otros coreógrafos extranjeros, no para copiar al extranjero, sino para adquirir técnicas, porque el lenguaje de la danza es universal; y el ballet fue cobrando tanto brillo y popularidad que es actualmente el espectáculo nacional más puesta (en escena) en la historia del teatro”, valoró.
El maestro Abud Vivas se siente orgulloso de que su ballet sea el de mayor competencia, en todos los tiempos, con más de 500 funciones a lo largo de estos 53 años.
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“No recuerdo que una función haya estado, con una línea vacía, eso significa que hemos acertado en nuestro trabajo y que hemos ganado el favor del público”, agradeció.
Abud Vivas recuerda que desde muy joven iba a ver otros espectáculos, “que me hacían sufrir, porque miraba sus deficiencias y cosas que no me gustaban, de la puesta en escena, cerraban la cortina, esperar, volvían abrir y que anunciaban cada baile; entonces, me tengo que hacer un espectáculo que sea fluido, que me guste, que no tenga defectos, que la iluminación esté adecuada, que la secuencia sea lógica, que el vestuario sea contrastante, que los ritmos sean opuestos unos a otros, de manera que haya una lectura en el espectáculo y toda esa inquietud fui juntando el elenco y recursos para que fuese el espectáculo que es hoy”, manifestó Abud Vivas.
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Ballet sigue cobrando brillo
El máximo exponente del Ballet Folklórico Nicaragüense destacó que lo más importante es que el ballet continúa cobrando brillo y mucho éxito, en Nicaragua.
En la primera etapa de la Revolución, en los años 80, se le dio un lugar especial al ballet, el cual fue bien promocionado y promovido desde el Ministerio de Educación.
Abud Vivas hizo la remembranza que gracias a la Revolución Sandinista y a la solidaridad internacional, el Ballet Folklórico Nicaragüense fue invitado a Inglaterra, al teatro Bernard Shaw.
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“Y la Compañera Rosario Murillo, que en esa época era la presidenta de la Asociación, nos designa para ir, y ahí damos el salto, porque tenemos en 15 días, dos funciones diarias con teatro lleno; eso marca en el espíritu y en la mente de los muchachos, porque nos damos cuenta qué somos”, resaltó.
Después fueron creciendo aún más, con giras a Checoslovaquia, Bulgaria, países nórdicos como Noruega, “ya vamos creciendo, no solamente en calidad, sino en investigación, rescate y vestuario, tanto que luego fuimos invitados a festivales, como el Cervantino en México, donde llegan todos los ballet mundiales, de los mejores”, destacó Abud Vivas.
El Ballet Folklórico Nicaragüense, entre su larga travesía, también destaca dentro de su trayectoria el hecho que durante 10 años continuos, fue parte del Festival Internacional de las Artes, en Costa Rica, donde obtuvo éxitos, gracias a Dios.
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Para el maestro Abud, el éxito que ha tenido el Ballet Folklórico Nicaragüense es por su perfil.
“Porque el ballet no solo es diversión, el ballet educa, enseña, muestra, dice a la gente que es Nicaragua en: vestuario, danza, historia, origen, guión, por época y esto le va dando un contenido, un valor agregado al mérito de bailar, y estas cosas hacen que el ballet cobre un nombre”, valoró.
La mayor casa del Ballet Folklórico Nicaragüense ha sido el TNRD, donde siempre se está presentando de cinco a siete veces al año, con llenos espectaculares, porque a la gente, al público le gusta la calidad.
“Lo que va logrando el ballet como aporte a la cultura, es que en su perfil tenemos nuestro propio arreglo orquestal, es decir, no usamos las grabaciones comerciales, ponemos la música en vivo en su gran mayoría, cuando hay recursos, que el ballet tiene una personalidad definida, un estilo, tiene una técnica de puesta en escena que somos los pioneros”, puntualizó.
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“Un talento que creo que Dios, me ha dado”
El maestro Abud Vivas expresó que el ballet es algo que nació con él, “es un sentimiento natural, un talento que creo que Dios, me ha dado, es como una llamarada, una inquietud, una vocación de vida, en darme a esto, a mi me apasiona ¿Quiere saber un secreto? Cuando yo estoy en la cabina de control y el ballet está en escena, yo hasta lloro, cuando oigo los aplausos y la gente empieza a gritar”.
Un emocionado Abud Vivas agregó: “Creo que el ballet tiene como una unción, un estilo, un amor puesto en escena y trato yo que lo tradicional permanezca en su lugar, y aporte lo técnico dejando un equilibrio de manera tal que no despersonificar las danzas originales, porque tampoco, que se queden aquí”.
Para Abud Vivas, en los 53 años del Ballet Folklórico Nicaragüense es difícil saber cuántos jóvenes han pasado por esa agrupación.
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“Porque las generaciones cada tres o cuatro años, se cambian, a los cinco años ya se siente que es otra gente, porque imagínate que siempre fuesen los mismos viejitos, ya no se podría".
Abud Vivas aseguró que se siente contento porque, si le falta algún día, el Ballet Floklórico Nicaragüense ya cuenta con su relevo generacional, pues tiene una escuela de semillero que maneja el profesor Juan Sánchez y una pareja de jóvenes talentosos que lo apoyan en el baile.
El Ballet Folklórico Nicaragüense está compuesto por 32 parejas; y el maestro Abud Vivas es muy exigente, porque tiene que darle mucha calidad al público, porque se le debe respetar mucho, brindándole un buen espectáculo.
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"Tengo que ser muy exigente, porque yo entiendo que nuestro público merece nuestro respeto y la gente va por la excelencia, y Nicaragua que es un país tan hermoso, merece tener un ballet de la más alta calidad, no técnica, porque la técnica solo es un medio, no un fin; el fin es que la gente se identifique con lo que ve en escena", valoró.
El maestro Ronald Abud Vivas expresó que ahora se siente más honrado, porque el Gobierno Sandinista lo ha puesto al frente de la educación de los maestros de TAC (Talleres de Arte y Cultura).
En ese sentido, resaltó que el Gobierno le da la oportunidad a los maestros, de enriquecer su pasión integral de educador, dándoles todos los conocimientos de la teoría, origen del baile, nombre, el porqué, como es la ropa, el paso, después los docentes lo multiplican en las aulas de clases; es de esta manera que el ballet es un referente en Nicaragua, algo así como el gallopinto de los nicaragüense, que se lleva desde que se nace hasta que se muere.
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