Recorrer la casa de Jorge Jenkins Molieri es como estar en una especie de galería de arte improvisada, llena de luz, colores, donde se respira creatividad.

Jenkins Molieri comenzó en la pintura como una recomendación médica de una cardióloga amiga de él. “Me dijo: sino puedes meditar, haz algo como pintura, escuche música, alguna cosa así”.

No fue a ninguna escuela, es completamente autodidacta, pinta por gusto y por terapia, pero le va bien. Ha vendido algunos cuadros y no deja de crear.

“Es una gran satisfacción. Pinto con mucha pasión y con mucha frecuencia, con mucha disciplina, y ahora que está la internet, uno aprende técnicas a través del vídeo, ahora aprender ya es otra cosa”, comenta de forma sencilla.

NOTA

Comenzó a pintar en el 2010. La influencia predominante en su cuadros es el  surrealismo y algo que nos confirma en la entrevista. “Pinto de inmediato lo que tengo en mi cabeza, no hago bocetos, pinto enseguida y entonces sigo trabajando lienzos. No tengo un plan específico para hacer la obra, sino lo que la mente va dictando”.

Recorriendo la casa del artista podemos ver que sus influencias son varias, “porque antes coleccionaba obras de artes de pintores nicaragüenses y extranjeros, y a través de la visita a muchos museos, en Europa, México y Estados Unidos, uno va agarrando ideas de la puntura y los temas, las técnicas”.

Aun cuando su temática es variada, podemos ver en sus lienzos lo referido básicamente a su infancia en Corinto, de donde es originario. “Por eso yo pinto muchos barcos y pinto muchos veces, y también mi formación como biólogo, muchos árboles, de una forma abstracta”.

Añade que últimamente está trabajando temas a través de los que se llama el expresionismo abstracto, que es lo que hacía la escuela norteamericana de la posguerra de la segunda guerra mundial. Son trazos que tienen muchas interpretaciones, dependiendo del observador.

En la casa de este pintor nicaragüense también asoma el tema tectónico, volcánico, que son atinentes a la nacionalidad nuestra. Lagos y volcanes, reflejando Nicaragua, es una especie de síntesis de lo que vivimos desde que somos niños: Lagos, volcanes, erupciones.

Por su amor a Corinto otro tema recurrente en sus obras eses no los peces. No son figurativos, son más bien deformados intencionalmente por el artista, con mucho color, fuerza y detonan alegría, que incitan a vivir, a respirar.

Trabaja en acrílico y óleo, pintura. Sueña con lo que va a pintar, se levanta y comienza a manchar el lienzo. Sus obras, se puede decir, son de la cama a lienzo, “ese es mi sistema”, dice sonriendo.

Comienza a pintar a las siete de la mañana hasta las una del mediodía mientras escucha música.

¿Qué hay que hacer para ser un buen pintor, pero sobre todo tener una obra tan prolifera? Le preguntamos.

“Has tres ejes fundamentales para ser un buen pintor, primero tener pasión por lo que uno hace, te tiene que gustar, si no tienes pasión no puedes hacer nada. Segundo, disciplina, no puedes ser un pintor de los fines de semana. Y finalmente tenés que tener conocimiento de la materia, técnica, ideas. No puedes ser copista. Tienes que  pintar lo que tu mente te dicta o lo que ves”, finalizó.

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