El codirector del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC) Luis Morales Alonso, comentó sobre la celebración del Día de los Fieles Difuntos, una tradición que con diferentes matices se desarrolla cada dos de noviembre en Latinoamérica.

Alonso destacó que en toda Nicaragua, todavía existen prácticas culturales y tradiciones locales alrededor de la celebración de los fieles difuntos.

Una de las tradiciones más llamativas y que fue rescatada por el Gobierno Sandinista, se desarrolló en el Diriá con la Repartición del Atol de Ánimas.

"El famoso atol de ánimas en el Diriá es una tradición que se ha revitalizado, es un atol de maíz pujagua rosadito. Atol de ánimas se reparte en el mes de octubre", comentó Alonso, agregando que a esta tradición le siguen celebraciones como la procesión de los agüizotes en Masaya o el desfile de los candiles en Ticuantepe "que son historias, mitos, leyendas que nuestro pueblo ha venido creando y cultivando a través de la historia".

El especialista, resaltó que en Nicaragua "tenemos costumbres interesantes de alimentos, de formas de arreglar las tumbas de los fieles difuntos, de sus parientes en los cementerios, y ahora los gobiernos locales que tienen una presencia importante en la vida diaria de la población también se ha sumado desde hace ya estos 17 años del buen gobierno del Comandante Daniel a estar remozando, poniendo bonito los camposantos. bien pintaditos, bien ordenaditos, bien rozados, hay que rozarlos, quitar la maleza, es una forma de respeto, de cuido, de dedicación no solo a lo físico, sino a la tradición de nuestro pueblo".

Alonso, también destacó las tradiciones locales que se desarrollan en los departamentos como Granada y Masaya, donde a los difuntos se les lleva en coches fúnebres, muy elegantes, que son halados por caballos. Mientras que en León, durante el Día de los Fieles Difuntos se acostumbran a degustar platillos como los buñuelos y los pacos (tamales de maíz y banano), que son especialmente elaborados para la conmemoración. En la mayoría de los pueblos, de tradición indigena, se tiene la práctica de despedir con música de filarmónicos a los difuntos y en las velas se acostumbra a repartir el Chilate, una bebida de maíz y cacao.

Además, en  todo el país se desarrolla la venta de flores naturales como crisantemos, san diegos, margaritas, disciplinas y coronas de papel que hacen los artesanos de los pueblos y se comercializan en las puertas de los cementerios.

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