Desde la cooperativa San José, ubicada en la comunidad Las Cureñas en el departamento de Jinotega, un grupo de diez mujeres continúa preservando y promoviendo el rescate cultural al dedicarse desde hace más de 30 años a la elaboración de cerámica negra.
La cerámica negra es una tradición centenaria arraigada en la rica cultura precolombina de la región. Utilizando técnicas y diseños tradicionales transmitidos por sus antepasados, estas artesanas elaboran cada pieza de manera completamente natural, sin químicos, y las queman en hornos de leña.
Carmen Herrera Zelaya forma parte de este grupo de mujeres trabajadoras y laboriosas, quienes con gran dedicación crean hermosas piezas con sus propias manos.

“Antes la cerámica existía en esta zona, pero no se promocionaba, estaba escondida y fue desde hace 30 años que como grupos y cooperativas trabajamos la cerámica negra, elaborada con barro examinado que no llega ningún tipo de químico", explicó.
Carmen dijo que la cerámica negra lleva 11 pasos, “el primero es ir a traer la arcilla, explorar zona donde hay, una vez que lo conseguimos hacemos una mezcla, después lo dejamos en una pana con agua por 15 días y cuando lo diluimos batimos, y colamos en un pascón, luego va por un filtro al secado, luego la empacamos en bolsas plásticas y utilizamos para producir”.
Detalló que el producto lo hacen con herramientas de plástico y de madera, después pasa a la pulida.
“Una pieza lleva cuatro pulidas y luego dejamos que se seque y calentamos el horno a temperatura de 100 grados y luego que sale la pieza, le damos el proceso ahumado con hoja de pino o el colocho de la madera. Luego con un trapo limpiamos el producto, decoramos, y está listo para la venta”.

Con la cerámica negra se elaboran piezas decorativas como floreros, tortugas, servilleteros, mariposas y en utilitarios se hacen tazas, platos, panas y collares.
La cerámica negra se encuentra en tres países: China, México y Nicaragua. Esta antigua tradición, que forma parte de la cultura ancestral, es promovida principalmente por mujeres. A través de su dedicación y habilidades, estas mujeres no solo preservan la técnica de la cerámica negra, sino también la rica herencia cultural que la rodea.
“Con México tuvimos encuentros y es el mismo proceso, pero en nuestro caso es que lo hacemos decorado con pincel. Sería interesante un nuevo intercambio para conocer el material”, comentó.
Mific apoya con capacitación, promoción de marca, y en el caso de INTUR, se promueve el turismo en la zona, invitando a realizar el tour para que aprendan a usar el torno y hacer una pieza.

Las piezas tienen un valor de 80, 100 córdobas y a extranjeros 120 córdobas. A través de estas cooperativas las mujeres han sacado adelante a su familia.
María Anita Herrera trabaja individual dedicada a elaborar desde hace 35 años artesanía rústica de barro tradicional.
“Yo me siento muy alegre y agradecida de trabajar con barro tradicional, porque además que este trabajo me distrae mucho y me llena de tranquilidad, yo me siento orgullosa con mi trabajo y estoy muy agradecida porque el gobierno siempre me ha apoyado a visitar ferias, encuentros en diferentes departamentos”, expresó.
Doña Anita ha ganado concursos en competencia de artesanía. Ella elabora piezas de jarro, tinaja, olla, comal, entre otros.

“Nosotras somos mujeres campesinas, rurales, orgullosas y felicitamos a la compañera Rosario Murillo, porque ella también es mujer trabajadora”.
Esta destacada artesana, también participa en la entrega de Merienda Escolar al preparar alimentos.
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“Muchas madres que me conocen, me buscan para que yo les haga los alimentos y yo le digo a los niños, cómanse estos alimentos porque el Comandante se las regala, hasta las panitas”.
A estas mujeres emprendedoras y artesanas les gustaría tener intercambio con artesanos chinos, para aprender nuevos conocimientos.

También reciben acompañamiento del Ministerio de la Economía Familiar sobre negocios digitales, creación de páginas de Facebook, comercialización y cambios de experiencias con otros artesanos.
Gregoria Herrera Zelaya lleva 20 años formando parte de la cooperativa San José.
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“Me siento alegre en hacer la cerámica negra, porque pude cuidar a mis hijos trabajando desde casa y me gusta la cerámica negra, porque de poco barro se sacan varias piezas. Gracias a Dios con el apoyo aprendimos a usar el torno, ya que antes las piezas se hacían a mano y nos dilatamos más y ahora avanzamos más”.

La diferencia entre la cerámica rústica y negra, es que la cerámica negra requiere más pasos para el proceso y es más fina.
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En Las Cureñas, Tomatoya y Saraguasca hay un total de 20 mujeres conformadas en cooperativas que trabajan la cerámica negra y 35 trabajan la artesanía rústica, mujeres con manos bendecidas para elaborar estas piezas de artesanía fina.





























