La inteligencia artificial  se ha convertido en una presencia cada vez más influyente en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes. Desde asistentes virtuales y plataformas educativas hasta videojuegos y redes sociales, esta tecnología ofrece nuevas oportunidades, pero también plantea importantes desafíos.

En el ámbito educativo, la IA puede ser una herramienta poderosa. Aplicaciones de aprendizaje personalizado permiten adaptar contenidos al ritmo y estilo de cada estudiante, favoreciendo la inclusión y el desarrollo de habilidades digitales desde edades tempranas. Asimismo, sistemas de tutoría inteligente pueden apoyar a docentes y familias en el seguimiento del progreso académico.

Sin embargo, el uso intensivo de tecnologías basadas en IA también genera preocupaciones. Uno de los principales riesgos es la exposición excesiva a pantallas, que puede afectar el desarrollo cognitivo, emocional y social de la niñez. Además, muchos sistemas recopilan datos personales, lo que abre debates sobre la privacidad y la protección de la información de menores de edad.

Otro aspecto relevante es la influencia de algoritmos en los contenidos que consumen niñas y niños. Plataformas digitales pueden reforzar estereotipos, limitar la diversidad de ideas o exponer a los menores a información inapropiada si no existen controles adecuados. A esto se suma el riesgo de dependencia tecnológica y la reducción de interacciones sociales presenciales.

Ante este panorama, expertos coinciden en la importancia de una educación digital responsable. Padres, docentes y autoridades deben acompañar a la niñez en el uso de la IA, fomentando el pensamiento crítico, la creatividad y el uso ético de la tecnología. La inteligencia artificial, bien utilizada, puede ser una aliada para el desarrollo infantil; sin una regulación y orientación adecuadas, puede profundizar desigualdades y riesgos.

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