DETALLES DEL MOMENTO: “LAS CONVICCIONES”.
Por: Moisés Absalón Pastora
Aterrizar es tener bien puestos los pies en la tierra. Eso representa una certeza profunda en cuanto a la forma de ver nuestro mundo y lo que queremos hacer de él. Representa una idea fija que nos puede resultar muy compleja por las alteraciones que vamos encontrando en el camino y que imponen meditaciones profundas que pueden insertarnos en el laberinto de las contradicciones.
La convicción determina la seguridad que tenemos sobre la búsqueda de un ideal arquitectónicamente dibujado y concebido desde de lo que creemos, de lo que pensamos y sentimos o sea es una fuerte creencia u opinión personal que en el tiempo puede variar en el camino, pero no el destino o puerto final al que queremos llegar.
La convicción es un arraigo profundo que sostenido desde su pureza cambia, transforma, revoluciona y evoluciona y es solamente viable social, política, económica o culturalmente hablando, cuando a pesar de lo complicado que puede ser mostrarla la tratamos de proclamar, enseñar, trasladar y cultivar porque tenerla a veces crea una especie de choque entre placas tectónicas que generan sismos entre la fortaleza de quienes las tienen y los que viven medrando en el oportunismo de lo fácil donde no hay riesgos que correr ni nada que perder.
Todos los seres humanos tenemos convicciones sobre la manera de ver y vivir la vida y se van definiendo sobre lo que pensamos, sobre lo que hacemos, por el efecto del círculo político o social que habitamos y de todo eso es que grandes paradigmas se han convertido en los Influencer que desde sus acciones, gestas, arrojos e historia nos formaron como el ciudadano ejemplar que aspiramos ser.
Me nace hablar de la convicción porque hay quienes por no tenerla y ser supremos analfabetos en el tema viven encima de aquellos que por proclamarla toman en el camino una ruta diferente para llegar al puerto deseado, pero no saben de qué, de quien o de quienes hablan porque esa es la ligereza del que no tiene idea de la convicción forjada a través de la lucha de la vida y por la vida.
En lo personal, a mis 66 años, puedo decir que privilegiadamente he pasado por circunstancias nacidas de la pobreza extrema y la recuerdo cuando mi infancia, hasta los nueve años que mi madre campesina de Terrabona, Matagalpa, fue llamada al paraíso, la viví en el Barrio de los Pescadores jugando con sapos en la costa del lago o en los suampos creados por aquellos inviernos, más intensos que los actuales, pero categóricos a la hora de estimular el ideal de la superación en el ser humano.
Ahora mismo soy un señor de la tercera edad. Para los espíritus burlones que casi me alcanzan y que creen ser los “jóvenes” de hace 60 años, pues la distancia entre ellos y yo, es la de un centímetro cúbico, debo decirles que si me tocara hacer proselitismo por el tamaño de mi vida, seguramente los arrastro de calle porque aunque digan cualquier bazofia de mi persona, la verdad es que estoy donde estoy, -me refiero al punto de la historia que piso-, por algo que no fue el resultado de una coincidencia, un acomodo o una conveniencia sino de una trayectoria que cuando la repaso me impone decir que tengo que escribirla porque me siento materializado, porque celebro que sea así y hablo de la trayectoria que no pretendo se me reconozca -que arrogancia sería esa- sino del trayecto que me tiene en la mejor Nicaragua de todos los tiempos donde ahora me abrazo con aquellos a los que llegué a ver como mis enemigos y no desde el discurso político sino desde la guerra que no tiene más retorno en el país.
Yo he decidido tomar un tiempo, aunque estoy al llamado de lo que la paz me requiera, para cuidar mi salud. Detalles del Momento televisivamente hablando se sostuvo a lo largo de casi ocho años y agradezco a las autoridades de gobierno me hayan concedido el tiempo para atender mi salud que es más emocional que biológica por el desvelo acumulado, pero me cerebro, mis ideas, mi Don como escritor, mis manos, mi corazón, mis sentimientos y mis ideales están prestos a compartir la cosecha de mis experiencias para estimular desde el alto poder de la convicción lo que podemos hacer los buenos nicaragüenses por el futuro de nuestro país.
De las convicciones lo difícil no es construirlas sino inculcarlas y transmitirlas como las creencias profundas que son a las generaciones que siguen a la nuestra, independientemente que los relevos tengan sus propios caminos, pero en los que los padres deben acompañarlos siempre.
La convicción es valor, es principio, fundamento, decencia, únicamente lo bueno y los padres que ayer fueron a la guerra, luchando para cambiar el mundo deshumanizado de su época, que se enfrentaron al mal que por jóvenes los asesinó; que idealizaron un país libre de explotación; de no privilegios solo para las élites; de derechos y beneficios para todos; de hacer las cosas en función de nuestra propia nacionalidad son los que deben ser hoy los sembradores de la semilla de la convicción en sus vástagos para que no tengan miedo a defender lo mejor que les está pasando contra los arrebatadores de esperanzas.
Mis convicciones por supuesto no las puedo imponer, pero sabiamente transferidas son valores positivos que serán la base de la sociedad que desde nuestro mejor ideal queremos construir partiendo de la solidaridad, del respeto, de la igualdad y de todo tejido cristiano y humano que niegue el odio de otros tiempos para así poder asentar una paz auténtica y duradera.
Para llegar a este punto de la historia en el que me encuentro tuve que sufrir y rodar, tuve que cargar profundos resentimientos, transitar parte de mi juventud como un rebelde sin causa y cuando la vida me fue indicando cual era el propósito redefiní el rumbo y empecé a descubrir que la convicción es un vehículo que anda por muchos caminos buscando cómo llegar al punto.
Tendré ahora el tiempo de escribir mis propias memorias, no porque crea ser alguien relevante o importante, sino porque cuando ahora hago una retrospectiva me doy cuenta que muchos habladores y difamadores dicen cualquier cosa, pero es que nunca vivieron, nunca protagonizaron nada que construyera la historia, jamás supieron de carencias, de riesgos, de dolores, de angustias, de persecuciones, de cárceles, de traiciones y menos de milagros y debo mencionarlos porque tampoco saben lo que por el efecto de la lucha es tener al Creador que te cuidó siempre.
Independientemente del cómo los que tenemos convicciones somos los que logramos construir la Nicaragua del presente y los que no saben lo que esto significa deberían comprenderlo porque las ideas, como ellos pretenden, no se matan con las balas. Para eso encontramos un escudo impenetrable en nuestras convicciones por lo que nunca será suficiente la perversidad y el dinero de la maldad para vencer a esta nuestra mejor patria de todos los tiempos.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.













