Si vis pacem, para bellum es una máxima latina que significa «Si quieres la paz, prepárate para la guerra». Esta frase originalmente la endosaron a Julio César pero en verdad es de Flavio Vegecio Renato que vivió entre el 383 y el 450 y que plasmó en la obra Epitoma de re militari.
La traducción que a la frase se da es; “Así pues, el que desee la paz, que se prepare para la guerra. Quien quiera conseguir la victoria, que entrene a sus soldados con diligencia. Quien aspire al éxito que luche con estrategia, y no lo deje al azar. Nadie se atreve a provocar u ofender a quien ve como superior en el combate.”
En Nicaragua estamos en una guerra por preservar la paz, por defender la paz y porque no decirlo estamos en consecuencia en guerra contra la más canalla mentira, el más perverso odio y la más cínica desvergüenza que en nuestra historia reciente hayamos conocido.
Nuestra historia claramente nos refiere los inagotables capítulos de guerra que fratricidamente hemos luchado y después de un tiempo en que habíamos logrado avanzar hacia un proceso de reconciliación efectivo, promovido por el presidente Daniel Ortega, llegó el 2018 donde el odio insospechado que estaba encapsulado bañó de sangre al país.
Pasará mucho tiempo y siempre nos estaremos preguntando porqué lo hicieron, que argumento de peso existió para justificar todo lo que había detrás del fallido golpe de estado que hizo estragos por doquier, pero fundamentalmente nos polarizó e hizo que se alejaran las distancias entre los que queremos la paz y entre los que dejaron de apostar por la paz.
Los que seguimos creyendo en la paz y que como pueblo conjuramos el golpe de estado contra el gobierno legítimamente electo y constituido de Nicaragua, no nos fuimos contra nuestros agresores, contra quienes nos ofendían, contra quienes nos “invitaban” a irnos de nuestro país, contra quienes nos amenazaban con la cárcel por no pensar como ellos o nos decían que seríamos muertos por estar con el sandinismo.
Contra todos esos, protegidos por escudos de paz, tuvimos que luchar y los que siempre insistieron en la guerra no pararon, siempre en las mismas, retando, jochando, ofendiendo, tocando los huevos a un tigre que creyeron estaba acalambrado, que por estar el Tío Sam detrás de los patricidas criollos aquí no volveríamos a levantar la frente y los mercenarios lampacearían el piso con nuestra dignidad.
Una y otra vez, de mil formas distintas se les dijo, desde el palco de la tolerancia, que todo tenía un límite, que aquí nos quedábamos todos, que no habría más repetición y no entendieron, no sé si por brutos o porque el enemigo de la humanidad creyó tenernos liquidado, -seguramente fue por ambas cosas- pero al final no solo no entendieron sino que se estaban preparando para reeditar los acontecimientos de abril de 2018 y eso simplemente no podía volver a pasar y es cuando el Presidente, los poderes del estado, las instituciones públicas, la sociedad, todos los sectores patriotas de este país decidieron alistarse para la guerra y vencer en beneficio de la paz porque paz, y únicamente paz, es lo que quiere el nicaragüense.
Los que en vez de prepararse y organizarse para disputar en elecciones el poder que quisieron arrancar con aquel baño de sangre de 2018 tuvieron todo el tiempo que quisieron para establecerse como competencia del sandinismo, pero prefirieron andar el mismo camino de la violencia por el cual ya habían sido vencidos y es por eso, no por ser opositores, que por supuesto los hay, es que una banda de cabecillas terroristas pasó por lo que decidieron pasar al extremo de su desnacionalización por traidores y posterior deportación.
Cada uno de esos asesinos y terroristas, gracias a Dios ya muy lejos de aquí, se siguen creyendo “Libertadores y Salvadores” y predican locuras en un desierto habitado por bichos que prefieren esconderse bajo las piedras y desde su oscuridad y aislamiento no escuchar las necedades de quienes les embaucaron y que son esos cínicos que se creen el cuento de que aquí nadie sabe quiénes son.
El cinismo amigos es no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones ni en sus acciones. Es una tendencia a expresarse mediante la ironía, el sarcasmo y la burla. Hay gente que escamotea sus mentiras risueñamente como para que pensemos que lo que dicen es verdad por dejárnosla ir con amenidad.
El cinismo es la falta de vergüenza en una persona al realizar actos deshonestos con los demás, es la actitud que lleva a engañar o mentir sin importar las consecuencias porque el fin es cometer malas acciones de forma descarada.
Nicaragua padeció por la politiquería y las acciones descarnadamente ofensivas de ínfimos grupúsculos, una descarga venenosa que en distintos niveles pretendió encontrar en la paciencia ciudadana mentes incapaces de ver cómo la desvergüenza asumió roles descarados para desarrollar toda esa trama maligna que hemos conocido a lo largo y ancho de los últimos seis años en los que el país ha logrado surfear el fuego sostenido de una necedad inaudita e insaciable en su afán por ver arrasada nuestra tierra.
No voy a decir que la situación que vivimos por no existir tranques y barricadas ya está superada, tampoco que recuperamos la paz como la quisiéramos o que retornó la estabilidad y la seguridad de la mejor manera que quisiéramos, aunque hemos avanzado enorme e irreversiblemente en ese sentido, pero sí nos hace falta mucho por conquistar aún y hacia eso vamos.
Hoy por hoy sin embargo toda aquella violencia desatada por los golpistas se acabó, es asunto del pasado y Gracias a Dios desde que las miserias humanas están donde están, pararon los muertos producidos por el odio que nos pretendían conducir a otra guerra fratricida y si algún problema serio tenemos internamente es contra la pobreza.
En la batalla política y en la odiosa expresión de violencia del golpismo, el cinismo, de acuerdo al guion establecido, juega un sitial estratégico para hacer de la mentira una verdad falsa que contrasta con la realidad de nuestros días y luchamos contra eso tomando al toro por los cuernos para ponerlo en el corral donde merece estar reducido.
Desde su mentira, desde el cinismo con el que se visten, quieren poner al mundo en nuestra contra porque en Nicaragua todos ellos, los puchos, los descerebrados, fueron solo un cascaron vacío donde ni la apariencia les favoreció ante tanta debilidad y división en la champa que cada uno de ellos se hizo.
Es impresionante todo lo mentiroso que son para imponer lo que ellos creen es una causa justa a la inocencia y candidez de los que en algún momento creyeron en sus falacias y que viniendo de vuelta sobre el camino hoy están claros de que el bien, como siempre, se impuso al mal porque aquí hay Dios y hay Patria. No quiero establecer ningún orden cronológico en específico, pero quiero poner sobre la mesa algunos absurdos sobre los cuales los nicaragüenses debemos meditar.
Los vándalos vendieron que los tranques eran una expresión cívica y cuando el pueblo se hartó de los secuestros, asesinatos, violaciones, peajes y puntos de torturas, llegaron a decir que al ser levantados se les estaba violentando su derecho a la manifestación “pacífica” y ahora resulta que es, tan evidente la verdad, que ahora no tienen más remedio que aceptar que fueron tranques violentos y sangrientos, ellos mismos lo dicen, ante los centenares de videos grabados por ellos mismos.
Es increíble el cinismo de toda esta gente y lo más cínico de todo es que dicen, hablando solos, que actúan en beneficio de la patria y asumen desde su disfraz la conciencia pura para hablar de una democracia que niegan desde el caos, la intransigencia, el despotismo y la voluntad dictatorial que les caracteriza porque son incapaces de soportarse entre ellos mismos y lo único que tienen en común es la paga, que a estas alturas, ya solo algunos reciben para destruir a una Nicaragua que no tengo duda está en la manos de su verdadero pueblo y siguen intentándolo, ya no como grupos que son solo las siglas, sino que ahora como individuos, porque las cartas de renuncias, de gentes que para colmo son totalmente anodinas, se leen por doquier con contenidos de denuncias donde se echa en cara la delincuencia de quienes se impusieron encabezarlas para vivir de las colaboraciones que el Tío Sam o los dundos aportan para mantener el estándar palaciego de vividores y vividoras que ya no saben qué decir para que aunque sea la piedad tenga misericordia de ellos.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.













