Nicaragua ha atravesado distintas etapas políticas desde su independencia, gobiernos conservadores y liberales, intervenciones extranjeras, guerras internas, ocupaciones militares, dictaduras familiares, pactos políticos y administraciones neoliberales que marcaron profundamente la historia nacional. Cada período dejó una huella distinta en el país, algunos consolidaron poder para pequeñas élites, otros administraron crisis permanentes y varios terminaron subordinando el rumbo nacional a intereses externos.

Durante décadas, el país avanzó entre conflictos, desigualdades, destrucción institucional y enormes limitaciones estructurales que mantuvieron desconectadas regiones enteras y alejaron al Estado de amplios sectores de la población.

La ocupación militar estadounidense y posteriormente la dictadura somocista marcaron buena parte del siglo XX. El país quedó atrapado durante años en un modelo de concentración económica y control político donde el desarrollo avanzó de manera desigual y limitado a pequeños grupos de poder. Durante distintas etapas presidenciales, desde José Santos Zelaya, Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro, Carlos Solórzano, Juan Bautista Sacasa y Leonardo Argüello, hasta Anastasio Somoza García, Luis Somoza Debayle, René Schick, Lorenzo Guerrero y finalmente Anastasio Somoza Debayle, la nación permaneció determinada por conflictos internos, intervención extranjera y profundas divisiones.

Tras el triunfo revolucionario de 1979 vino otro período complejo protagonizado por la guerra impuesta por la contrarrevolución y financiada desde Washington, un conflicto que desgastó la economía, fracturó la estabilidad y obligó al país a sobrevivir en medio de confrontaciones permanentes. Durante esa etapa, Nicaragua enfrentó bloqueo económico, destrucción de infraestructura, caída productiva y enormes limitaciones materiales mientras impulsaba la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, la reforma agraria, programas de salud pública y procesos de organización popular en medio de la guerra.

Luego llegaron los gobiernos neoliberales de Violeta Barrios de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, caracterizados por privatizaciones, debilitamiento del Estado, deterioro de servicios públicos y un país que continuaba arrastrando pobreza, apagones, carreteras destruidas y enormes desigualdades sociales. Para el año 2006, Nicaragua apenas rondaba el 54 % de cobertura eléctrica, sufría racionamientos energéticos diarios de hasta doce horas, mantenía una red vial reducida cercana a los tres mil kilómetros y enormes zonas del Caribe permanecían prácticamente aisladas del resto del país. 

La pobreza general alcanzaba el 48.3 %, mientras la pobreza extrema superaba el 17 % lo que se evidenciaba en salud, vivienda, agua potable, empleo e infraestructura pública. Además, buena parte del transporte urbano funcionaba con unidades deterioradas y muchas comunidades rurales continuaban sin acceso estable a servicios básicos.

Cuando el Frente Sandinista, con la Compañera Rosario y el Comandante Daniel, regresó al gobierno en 2007, Nicaragua seguía arrastrando enormes rezagos en infraestructura, baja cobertura eléctrica, instituciones debilitadas y profundas carencias sociales acumuladas durante décadas, en otras palabras, pobreza y pobreza extrema. 

Fue en ese contexto donde comenzó una etapa distinta, basada en estabilidad política, recuperación de la capacidad del Estado y una visión de largo plazo que reorganizó las prioridades nacionales alrededor de la paz, la soberanía, la inversión pública y la restitución de derechos. A partir de entonces el país dejó de vivir apagando crisis todos los días y comenzó una etapa de cambios continuos en infraestructura, economía, servicios públicos, agua, energía, subsidios, vivienda, hospitales, carreteras y programas sociales que terminaron modificando el funcionamiento general de Nicaragua.

Durante estos 19 años, Nicaragua pasó de los apagones a una cobertura eléctrica que supera el 99 % del territorio nacional, de una red vial que apenas rondaba los 3 mil kilómetros a más de 5,540 kilómetros de carreteras construidas, pavimentadas y adoquinadas, de hospitales colapsados a una expansión de más de 80 hospitales en todo el país, de enormes limitaciones en agua potable a una cobertura superior al 95 % a nivel nacional, además de más de 150 mil viviendas construidas y mejoradas, más de 3 mil autobuses nuevos incorporados al sistema de transporte colectivo, decenas de programas sociales activos en todo el país, la restitución de la gratuidad en salud y educación y de un Caribe históricamente aislado a una región conectada con el Pacífico mediante carreteras, puentes e infraestructura que además incorpora hospitales como el Hospital Sandino Nuevo Amanecer en Bilwi.

El intento fallido de golpe de Estado de 2018, las sanciones y las agresiones externas no pudieron derrotar el proyecto revolucionario que lideran la Compañera y el Comandante, un modelo que además logró sostener la soberanía alimentaria nacional, permitiendo que Nicaragua produzca la mayor parte de los alimentos que consume y mantenga activa su capacidad agrícola, ganadera y productiva incluso en escenarios complejos.

La paz se convirtió en otro elemento decisivo de esta nueva etapa histórica. Nicaragua pasó de décadas dominadas por guerras, confrontaciones armadas e inestabilidad política a un escenario donde la estabilidad permitió estabilidad institucional y crecimiento económico. Dentro de toda la historia republicana que ha tenido Nicaragua, dominada durante décadas por dictaduras, gobiernos peleles, conflictos internos y administraciones neoliberales incapaces de transformar profundamente el país, la etapa encabezada hoy por la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y el Copresidente Comandante Daniel Ortega terminó ocupando un lugar distinto. 

No solamente por el tiempo que han permanecido al frente del gobierno, sino por el alcance de los cambios y de las buenas nuevas impulsadas durante casi dos décadas consecutivas, bajo un exitoso modelo cristiano, socialista y solidario donde el pueblo es protagonista y es Presidente.

Por eso, cuando se afirma que con Rosario y Daniel Nicaragua sigue construyendo el siglo XXI, se habla de una etapa histórica que modificó profundamente el país y que continúa proyectándose hacia el futuro. Nicaragua dejó atrás buena parte de sus rezagos históricos, fortaleció su soberanía, reorganizó su realidad humana, política y social y hoy la mayor parte del pueblo reconoce en la Compañera Rosario y el Comandante Daniel a los mejores gobernantes que ha tenido Nicaragua en toda su historia.

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