Hasta diciembre de 1972 se decía que Managua era una de las capitales más bonitas de Centroamérica, incluso mejor que San José en nuestra vecina del sur. Entonces su población se calculaba en 400 mil personas y era una ciudad que empezaba a crecer del centro hacia todos lados sin que su orgulloso lago fuera sometido aun a la contaminación que más tarde lo afectó. Tendría por aquellos tiempos 12 años, pero en mi mente quedaron grabadas las imágenes de edificios de impresionante arquitectura, la Avenida Roosevelt, su bullicio vehicular y comercial, el malecón y tantas referencias más que no dejan de ser nostalgia, independientemente de mi frescor mental e infantil de aquellos tiempos.

De aquella Managua hay mucha documentación y no son pocos sus historiadores, pero triste, dolorosa y lamentablemente cuando se aborda sobre aquel pasado el terremoto de diciembre 1972 nos corta la respiración porque fue cuando la Novia del Xolotlán se nos vino al suelo. Diez mil personas murieron y 50 mil fueron heridas.

Los cadáveres tenían que enterrarse en fosas comunes. Miles tuvieron que irse al interior del país a posar en pueblos, haciendas o fincas. Los daños materiales fueron cuantiosos: el 90% de las casas, en el radio central, se derrumbaron y las que quedaron en pie estaban dañadas severamente, al punto de reconocerse como inservibles.

Más de 600 manzanas quedaron destruidas por el sismo; unas 50.000 construcciones quedaron en escombros y más de 280.000 personas quedaron sin hogar. El 75% de las viviendas y edificios del centro se derrumbaron total o parcialmente. El 95% de la pequeña industria desapareció junto con el 75% de la infraestructura, el 90% del comercio sucumbió y los incendios duraron las dos semanas siguientes, el 40% de las fuentes de ingreso fiscales desapareció. Los servicios públicos de agua potable, energía eléctrica, telecomunicaciones y alcantarillado quedaron cortados por los movimientos terráqueos. Las calles quedaron totalmente cuarteadas y el ambiente apestado por un hedor insoportable. Aquello fue devastador y de impacto profundo en  la memoria de los que sobrevivimos a aquel monstruoso sismo, el segundo en  un mismo  siglo porque al margen no queda el del 31 de Marzo de 1931, que con una intensidad de 6.0 grados en la escala de Richter, se trajo al suelo a una Managua engalanada por muchísima arquitectura gótica y colonial.  
     
En la ciudad de Managua, regresando al terremoto de 1972, cayeron destruidos todos los hospitales públicos y privados; los hospitales del Seguro Social, frente al costado norte del parque 11 de julio; El Retiro (que estaba en la pista Benjamín Zeledón, de la actual rotonda El Güegüense una cuadra al este) y el Bautista (el único hospital privado del país en esa época y que fue fundado por la Iglesia Bautista en 1936), se derrumbaron o quedaron dañados severamente. Sólo el Hospital Militar, inaugurado por Anastasio Somoza García el 1 de febrero de 1956, quedó en pie y fue reparado posteriormente y ahora es totalmente nuevo; el Hospital Fernando Vélez Paiz situado en el kilómetro 5 y ½ de la Carretera Sur (en las afueras de la ciudad) resistió los temblores, fue reparado posteriormente, más tarde demolido y luego renacido colosal y   totalmente nuevo.

Desde 1972 hasta hace unos años atrás los nicaragüenses siempre tuvimos la devastación del terremoto frente a nosotros porque algunos edificios se resistían a caer hasta que finalmente las actuales autoridades decidieron demolerlos por asuntos de seguridad. Así fue que muchos terrenos baldíos, crucificados por una gran cantidad de fallas geológicas, comenzaron a ocuparse para hacer en ellos parques, centros de feria y algunas edificaciones construidas con el más alto rigor de la disciplina anti sísmica y ahora vemos sobre ellos una gran cantidad de “Casas para el Pueblo” que fue, pienso yo, un proyecto que marcó el paso hacia la decisión de volver a embellecer a Managua, como lo que nunca debió dejar de ser, la Novia del Xolotlán.

De aquella Managua devastada por el poder de la naturaleza en la antesala de la navidad de 1972 sobreviven algunos edificios, pero ahora mismo está siendo demolido uno de los íconos que al menos para los de mi generación serán inmortales en nuestra memoria en la medica que la fecha de caducidad no nos llegue y tengamos vida para recordarlo. Me refiero al teatro González la majestad de la proyección cinematográfica de aquella época que recibió en el confort de su lujo a miles de capitalinos y de otros departamentos que viajaban a la capital para disfrutar de los estrenos del momento.

El Teatro González o Cine González ubicado en el centro histórico, sobre la Avenida Bolívar, fue inaugurado en la década de 1930 y fundado por el Dr. José Ignacio González y destacó por ser uno de los primeros cines en contar con aire acondicionado y un diseño de estilo europeo. El edificio sobrevivió al terremoto de 1972, pero fue parcialmente destruido por un incendio en 1945 y sufrió otro grave siniestro en 2016 mientras operaba como iglesia.

En este mes de mayo de 2026, la Alcaldía de Managua inició los trabajos de demolición parcial de sus ruinas para dar paso a nuevas obras en la capital. No tenemos aún una sola idea especulativa de lo que en su lugar será construido, pero por la posición que ocupa lo que hasta ahora era una de las últimas heridas visible de la devastación del último gran terremoto en la capital, no dudo que algo tan grande o quizá mayor que su gloria surgirá porque aquí si algo sobra en la nueva Managua que surge es ingenio, estética y visión.  

Platicaba hace algunos días con un amigo, que fue lo que me inspiró este artículo y le decía que aquel compatriota que como él nos visita por estos días aquí en nuestra capital y se va para volver dentro de cinco años más, simple y llanamente no va a conocer Managua porque está cambiando y proyectos que no creíamos serían posible ya los gozamos.

Nuestra capital por lo que claramente se percibe está destinada a convertirse en una de las ciudades más bellas de América latina y eso se debe a la voluntad visionaria de un gobierno que en 10 años ya la transformó pero que con lo que viene en el quinquenio que ya andamos vamos a la velocidad de la luz hacia la imagen de una ciudad que estábamos lejos de imaginar o de soñar porque hasta hace poco la mirábamos como una fotografía desteñida en blanco y negro, triste, desentonada con la modernidad y apagada por la oscuridad que no le dejaba ver su rostro y que ahora pícaramente sonríe para advertirnos que está esperando grandes y monumentales cosas que serán razones para enamorarnos más de ella.

Managua en los últimos 19 años ha crecido impresionantemente. Aquella aventura de hacer el Puerto Salvador Allende a partir de la costa del lago de Managua, al que antes dábamos un trato perverso, fue una semilla de propulsión que inspiró a realizar cosas impensables, incluso riesgo de altos costos políticos que fueron cobrados por los “fatólogos” del oposicionismo cuando se decidió acabar con los antros que estaban detrás de aquella concha acústica en desuso y que también terminó siendo demolida para continuar la construcción de un nuevo malecón ahora extendido a lo largo de tres kilómetros y donde ahora hay un impresionante punto turístico que es una referencia mundial de las muchas cosas que ofrece esta bella capital.

En paralelo la inversión pública del gobierno junto con la Alcaldía de Managua transformó lo que creíamos muerto y así decidieron hacer en el pleno corazón de la capital la reconstrucción de lo que ahora es el más grande y moderno parque infantil no de Nicaragua, sino de Centroamérica que cuenta con canchas, un estadio de béisbol infantil, pistas acuáticas y tantas cosas más donde la familia haya otra opción.

Partiendo del mismo  Puerto Salvador Allende y como arteria determinante tenemos la Avenida de Bolívar a Chávez que a su paso cuenta, la Plaza la Fe; con el majestuoso Teatro Nacional Rubén Darío,  con el bello Parque Central; la Plaza de la Revolución; el Palacio Nacional; la Casa de los Pueblos; El memorial de lo que fue nuestra icónica catedral;  los edificios institucionales  de TELCOR y  la Cancillería; el imponente Polideportivo Alexis Arguello; las Piscinas Michelle Richardson; el Monumento a los próceres del ALBA; la modernizada y  blanca Asamblea Nacional y las alternativas gastronómicas en diferentes puntos de esta arteria vial testigo de los actos más significativos del gobierno y efemérides sandinistas y todo flanqueado  por los gigantescos árboles de la vida que colorean y dan luz a una avenida dónde todos los diciembre se espiritualiza con los  incomparables altares a la Virgen María y a los Nacimientos del Niño Dios y todos esos portentosos detalles mantienen a Managua con un espíritu vivo que siempre sugiere que nada es aún suficiente y que debemos esperar todavía más como efectivamente sucede.

Tengo que decir que ahora mismo Managua es una ciudad que demanda de los capitalinos una paciencia totalmente “Jobiana” porque está trabajando intensamente en los tramos II y III de la Pista Héroes y Mártires de la Insurrección que ya culminó los trechos I y II, este último empalmando el paso a desnivel de la carretera norte, Julio Buitrago.

No voy a ahondar específicamente en muchas otras obras de gran envergadura que están en ejecución y trasladando a nuestra capital hacia la modernidad porque no pararía, pero en su momento dedicaré el espacio que corresponda para profundizar sobre realidades como el paso a desnivel en Nejapa, el que se hará en Ciudad Sandino, el nuevo hospital en Sabana Grande que ahora conecta con carretera Masaya y otros.        

Debo decir categóricamente que la capital es segura porque ofrece a sus habitantes espacios de entretenimiento que son únicos y para todos los gustos. Hoy esta ciudad es un menú turístico que da para embelesar y cautivar al más exigente y por eso mismo es que mucha gente que viene de afuera a visitar el país se lleva una imagen tan diferente que rápidamente los obliga a tomar la decisión del retorno definitivo porque el aire que aquí respiramos es de paz.

Mentirían aquellos que, yendo a la Plaza de la Revolución, no se embriaguen por el ambiente. Es regocijante estar rodeado por la vieja catedral, así como está, que tal reconstruida como se quisiera, la nitidez del Palacio Nacional, La Casa de los Pueblos, El Parque Central, ahí mismo los mausoleos donde descansan figuras icónicas y fundadoras del FLSN,  la Plaza 22 de Agosto, el Anfiteatro Tomas Borge Martínez, , lo que fue el histórico Gran Hotel, hoy un gran centro cultural, el asta gigantesca de la bandera Nacional, el monumento a Rubén Darío, el colindante Teatro Nacional y en medio de todo, el impresionante juego de luces de aquel escenario que nos traslada a otra dimensión y nos invita a agotar las baterías de las cámaras digitales para captar todos esos hermosos momentos.

Managua no solo se ha embellecido pasando de una ciudad muerta a una ciudad viva. Ahora el alumbrado público es una realidad, sus barrios están en su gran mayoría pavimentados y cada uno de ellos cuanta con su propio parque y con señal para internet. Todas esas particularidades las destacamos los nicaragüenses que vivimos aquí; las admiran los connacionales que radican, y solo por ahora, fuera de aquí porque miles planifica su retiro en la patria; lo gozan tremendamente los extranjeros que nos visitan y por supuesto permite que la Managua de hoy ya suene en las ruedas y propuestas turísticas en otros países.

Sin embargo, nadie dude que lo mejor está por venir y en los próximos años ya estará todo listo para que obras de  gran envergadura de carácter vial quiten la tensión de las vías aliviando una circulación vehicular que por ahora es infernal, pero que a la vez dará una prestancia, ornato y elegancia a una capital que se construye desde una visión arquitectónica que ejecuta los planos, desde un  disciplinado marco legal y sobre todo tiene en mano los fondos para en la obra de progreso más agresiva en toda la historia como será la Pista Héroes y Mártires de la Insurrección totalmente terminada mostrando  sus impresionantes pasos a desnivel.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

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