El derecho internacional se describe como un conjunto de normas y principios que sostienes las relaciones entre Estados y otros actores internacionales en el escenario mundial. Conocido también como “derecho de las naciones” abarca una extensa gama de temas, desde la resolución de conflictos y la diplomacia hasta el comercio internacional, los derechos humanos y la protección del medio ambiente.

El derecho internacional se basa en tratados y acuerdos, decisiones judiciales, legislaciones y principios generales reconocidos por las diferentes naciones. Estos aspectos se combinan para formar un cuerpo de leyes que rigen las relaciones entre los Estados y otros sujetos del derecho internacional, como organizaciones internacionales, empresas multinacionales y en algunos casos, individuos. Los Estados participan voluntariamente en la creación y aplicación de normas jurídicas a través de tratados y acuerdos mutuos. Esto implica negociaciones y compromisos entre las partes interesadas y sobre este tema quiero explayarme.

Este 27 de junio se cumplen 40 años de la histórica sentencia a favor de Nicaragua emitida por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya como consecuencia de la acusación formal, documentada y contundente que el Gobierno Revolucionario de Nicaragua interpuso contra Estados Unidos por promover, incitar y financiar la guerra de agresión contra las familias nicaragüenses en los años 80 un 9 de abril de 1984.
 
Hace 40 años atrás, la naturaleza ofendida de nuestro país, asistida de la razón contra la fuerza irracional de todo lo que representaba el gobierno de Estados Unidos, al frente del cual se encontraba Ronald Reagan, celebró con júbilo el fallo a nuestro favor de acusar ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya contra aquel que en declive se sigue creyendo el dueño del mundo y además con licencia para invadir, para intervenir, para promover golpes de estado, para amamantar dinastías y apadrinar dictaduras a nombre de la libertad y la democracia, sin que nadie osara levantar la frente en ningún organismo del planeta y menos con uno que tuviera que ver con la justicia que vio en la acusación de Nicaragua un sustento indiscutible para sentenciar a sus agresores que con métodos terroristas nos afectaron grandemente a través de una guerra abierta y sin fundamento que fue absolutamente desproporcionada.

Pues bien, aquel 27 de junio de 1986, hace 40 años atrás, el diminuto David con la misma espada del gigantesco filisteo decapitaba moralmente a Goliat y lo exponía ante el mundo con la exhortación a los pueblos oprimidos del mundo que la razón sí podía vencer a la fuerza.   

Hace 40 años Nicaragua recibió jubilosa un fallo victorioso que no dejaba duda por el contenido de la acusación que interpuso 42 años atrás que para efectos del derecho internacional fue resuelta de ipso facto, es decir de manera inmediata, automática y como consecuencia directa de un acto previo, sin necesidad de pasos intermedios ni de declaraciones y todo porque el expediente que los jueces de la HAYA analizaron goteaba la sangre de un pueblo lacerado por la explosión y expansión de minas que hicieron volar puertos, minas y estructuras relevantes que se convirtieron en el objetivo terrorista de aquel que había sido vencido desde la prosa literaria de Ruben, desde la revolución liberal y nacionalista de Zelaya, desde el Coyotepe y la Barranca dónde Zeledón dijo aquí muero y no me rindo, desde el Sandino en las Segovias que hizo clavar el pico del águila en nuestra montañas, desde el 19 de Julio de 1979 e indudablemente  hasta nuestros días.

¿Hay traidores y vende patrias que preguntan y qué logró Nicaragua con la victoria de este fallo 40 años atrás?  Hay lacayos que con sorna preguntan y ¿dónde están los 17 mil millones de dólares que por entonces se calculaban eran los daños ocasionados por Estados Unidos al que se pliegan y defienden?
 
Hay desvergonzados y traidores a la patria que siempre esgrimen que la conservadora y ex presidenta Violeta Barrios en 1990 lo primero que hizo fue perdonar al pretendido hegemon la sentencia y el cálculo de la deuda acumulada a cambio de unos maletines de dólares que terminaron en las manos de su yerno Antonio Lacayo y que si eso había sido así que para qué insistir.
 
Déjenme decir lo siguiente Nicaragua logró desde aquel momento, hace 40 años, convertirse en la nación fundadora que hizo del derecho internacional el arma más poderosa de su razón y aquel paso, que sigue generando victorias, es irreversible, irrenunciable e innegociable porque eso fue el instrumento que también nos hizo vencer contra Colombia, contra Honduras y contra Costa Rica países a los que enfrentamos con la razón y no la fuerza.
 
Los vende patria deben saber que ya a estas alturas del juego ya no son 17 mil millones de dólares lo que Estados Unidos nos debe indemnizar, sino que esa cifra sigue creciendo, que el interés y el lucro cesante son una factura a cobrar y que en algún momento lo nuestro volverá a las manos ofendidas de la patria, porque esa deuda sigue siendo legítima, porque los nicaragüenses no la hemos perdonado, porque la locura de haber creído que eso se podía hacer, se estrella contra la sangre inocente de quienes sufrieron el espanto y el dolor de una agresión, que como todas las de Estados Unidos contra el mundo son de lesa humanidad.
 
Nada que se pueda recibir de todas formas regresará de la muerte a los inocentes que fueron víctimas de aquellos actos terroristas, pero no hay duda que existe una razón que todos los días nos asiste para no declinar en el propósito de cobrar esa deuda y es que los crímenes de la Casa Blanca contra nuestro pueblo no paran, están activos y lo peor, avalados por quienes equivocadamente un día nacieron aquí e insisten en reeditar los bombardeos, la colocación de minas en nuestros puertos, la voladura de puentes y las estratagemas para lograr objetivos perversos a través de artificios y engaños que tienen por anzuelo indisponer a nuestro país ante la comunidad internacional.

Hoy por hoy debo acentuar, insistir y afirmar con profunda convicción tenemos la mejor patria de todos los tiempos, el mejor país de toda nuestra vida como nación sin que eso signifique de ninguna manera que estamos conformes porque tenemos mucho por hacer aún, pero además de eso tenemos memoria histórica y todo ese recorrido nos hace un país distinto a todos los demás, que escasamente conocen su presente, porque nosotros estamos llenos de historia, de vivencias, de epopeyas, de actos heroicos, de juventudes que en cada una de sus generaciones, devoraron las páginas escritas de nuestro republicanismo con la avidez de entender, comprender y emular los actos que nos proyectan internacionalmente como una nación forjada en la dignidad.
 
Entendamos por dignidad como el respeto que por sí misma tiene una persona, lo que distingue a una sociedad, lo que un país que lo demanda y exige desde la determinación emanada de un pueblo y es capaz exigirlo al más encumbrado y ensoberbecido poder militar o económico del planeta y eso es lo que hemos trazado a los que nos ven absurdamente como enemigos, una raya y una frontera, que separa nuestra estoicidad de la cobardía de los indigentes morales que gritan frustrados porque no saben hacerse oír ante aquel que nos agrede, sí, pero no logra vencer.

La desesperación de los que han sido vencidos por nuestra razón es siempre estar reeditando sus sanciones, sus absurdos de declararnos como una nación peligrosa para su seguridad nacional. Ellos ven en la justicia que nos asiste y en el poder de nuestros argumentos los submarinos nucleares que no tenemos, pero que rodean sus costas, los hipersónicos Mig, que tampoco tenemos, sobrevolando su espacio aéreo y atacando los centros de poder de un país decadente que comienza a verse disminuido porque hay otras naciones en el mundo que ahora dicen que si Nicaragua pudo entonces ellas también y que junto a nuestro país también celebran un hito histórico en el planeta y abrazan en profundidad el significado y alcance del fallo histórico de Nicaragua en contra de Estados Unidos.
 
Cuando digna y soberanamente hace 42 años, aquel 27 de junio de 1984, se decide acusar formalmente a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia, antes se pasó por un proceso de estudio, documentación, selección de los actores protagónicos que nos defenderían y de la misma forma el análisis de las consideraciones geopolíticas de aquellos tiempos en que el imperio era de hecho el dómino del mundo y controlaba absolutamente todo y además el policía, el juez y ejecutor de lo que quiso.
 
La acusación introducida por Nicaragua contra Estados Unidos el 9 de abril de 1984 ante la Corte Internacional de Justicia dio paso a que el 26 de noviembre de ese mismo año con una votación de 15 votos a favor y 1 en contra, la HAYA determinara admisible la acusación y que el 27 de junio de 1986 la corte fallara respecto al fondo del asunto sentenciando a favor de Nicaragua y la respuesta inmediata de la Casa Blanca fue negar la jurisdicción del máximo tribunal planetario.
 
¿Por qué acusamos a Estados Unidos, qué nos hizo en aquella coyuntura en lo particular?
 
El Gobierno de Estados Unidos mediante la CIA y otras estructuras de su plataforma terrorista, desde 1983 planificaron ataques y destrucciones de instalaciones en Puerto Sandino, el aeropuerto internacional, varios oleoductos, ataques de helicópteros estadounidenses sobre objetivos nicaragüenses, voladura de depósitos petroleros, minado de Puerto Corinto y otras de sus instalaciones, ataque en Potosí, minado del Puerto el Bluff y San Juan del Norte en Río San Juan de Nicaragua, dónde no quedó piedra sobre piedra; El sobre vuelo constante del “Pájaro Negro” sobre espacio aéreo nicaragüense para recoger información sobre nuestras posiciones; el retiro de apoyo económico del Gobierno de Estados Unidos hacia el Gobierno de Nicaragua en 1981, que apenas entraba; se redujo significativamente la cuota de importación de azúcar desde Nicaragua hacia Estados Unidos de un 90 al 100 por ciento y se impuso un embargo comercial general de parte de este último el 1 de mayo de 1985, al igual que hubo bloqueos de préstamos hacia Nicaragua mediante influencia de Estados Unidos en el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (uno de los grupos conformantes del Banco Mundial); y en materia jurídica, se violaron el Artículo 2, párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas relativo a la prohibición de la amenaza y uso de la fuerza, el principio de no intervención interna y de la no violación de la soberanía nacional de los miembros conformantes de la Carta de la Organización de los Estados Americanos.
 
Ante los hechos ilícitos cometidos contra Nicaragua, el 9 de abril de 1984 se entregó a la Corte Internacional de Justicia en La Haya, de parte del Embajador de Nicaragua en Países Bajos, una solicitud formal de acusación contra Estados Unidos, invocando el Artículo 36, párrafo 3 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.
 
Era tal la evidencia que acuerpaba esta acusación, la de un país pequeñísimo contra el más grande imperio que conozca la humanidad hasta nuestros días, que de previo había certeza de su admisión y fue tan impactante que la misma sociedad norteamericana quedó estupefacta y avergonzada de lo que su gobierno fue capaz de hacer contra una nación como la nuestra a la que además le habían impuesto la guerra.
 
Tristemente la soberbia imperial no solo no responde al fallo de acuerdo a lo que dicta el derecho internacional, sino que además en su loca obsesión contra Nicaragua continúa agrediéndonos bajo el disfraz de sanciones que persiguen someternos a sus dominios de conquista.
 
Los misiles de odio del imperio continuaran contra nosotros, pero también los nicaragüenses con la sentencia y el derecho que nos asiste continuaremos diciendo en altas voces que el cobro de la demanda por los daños ocasionados a nuestro país no se olvida y que aun cumpliendo en algún momento con lo que le corresponde este caso no se cierra porque ante los pueblos libres del mundo este es un tema de antología que además es materia de estudio en las más encumbradas universidades del mundo donde se forman y preparan a los más avezados estudiosos del derecho internacional.
 
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.

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