Conversaba con amigos sobre la necia postura de individuos que desde afuera insisten en dar coces contra el aguijón por cualquier circunstancia que involucre al gobierno, a los gobernantes, a quienes sostienen a esos gobernantes desde el punto de vista político, ideológico y partidario y también contra los que siendo sandinistas o solo independientes nos enamoramos de las cosas que suceden y se hacen aquí porque al final fue por lo que miles y miles luchamos para materializar el sueño de una sociedad humanizada.
Antes de entrar al tema de “La Envidia” quiero poner en relieve un concepto que con mucha frecuencia invoco en mis enfoques y es eso de dar “coces contra el aguijón o patadas contra el aguijón” porque además de tener un origen cristiano tiene un profundo significado que creo debemos tomar como reflexión y ponerlo en práctica en la vida.
La Biblia cuenta la historia de Saulo de Tarso, que por pertenecer a la religión judía no conocía de cerca al Mesías y estaba empeñado en apresar, castigar y destruir a los primeros cristianos. En una ocasión que Saulo de Tarso iba hacia Damasco, llevando cartas que le permitieran apresar a cualquiera que se constituyera en seguidor de Jesucristo y profesante del evangelio, una luz del cielo lo rodeó y cayendo en tierra oyó la voz de Jesús.
Tarso dijo: ¿Quién eres, Señor? Y la voz le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón», Hechos 9:5. La palabra coces significa «patadas», esta frase constituía una expresión proverbial de aquel entonces, donde se tenía la imagen de un buey que da patadas al mismo aguijón con el cual su amo lo punza para que siga arando. Saulo en su rebeldía insistía constantemente en hacer oposición a la verdad del evangelio y esta rebeldía lo llevó a agraviar a muchos cristianos; Jesús hace este comparativo para enseñarle a Pablo que lo que él estaba haciéndole al evangelio terminaría por dañarlo a él mismo.
Cuántas veces al igual que Pablo hemos insistido en cosas que no nos convienen y que a fin de cuentas terminan por dañarnos; cuántas veces hemos hecho cosas a nuestra manera sin mirar las consecuencias que tras nuestros actos acarreamos. Lamentablemente muchas veces no vemos que hay cosas que nos hacen daño y seguimos luchando; seguimos insistiendo; seguimos empujando hacia eso que sabemos que no traerá provecho para nuestras vidas.
Imagina golpearte varias veces con una pared y aun así seguir insistiendo en ello, crees que será doloroso; por supuesto que lo será, pero hasta que no decidas abandonar las insistentes acciones que te hieren simplemente no dejarás de sufrir.
No seamos necios, la Palabra de Dios nos llama a dejar de persistir en aquellas cosas que definitivamente no son buenas para nosotros y la reflexión en tal sentido es alejarse de la maldad y hacer siempre lo bueno para sentirnos satisfechos porque lo contrario, al no alcanzar los propósitos de la nobleza, es siempre caer en la maldad.
No comprender algo tan simple es caer en la necedad y es cuando uno se pregunta: ¿porque individuos que se quieren pintar de genios o sabios, que apuestan siempre a tener la razón, terminan mal, acabados y excluidos y en vez de reaccionar ante el fracaso insisten en dar y dar coces o patadas contra el aguijón?
Puede haber muchas respuestas y si decimos que es por soberbia, por orgullos mal entendidos, por protagonismo, por vender liderazgos, por ambiciones políticas o porque se quiere atraer la atención de alguien que les haga fácil la vida para no trabajar, sin duda, no nos equivocaríamos. Sin embargo, creo que hay algo que perturba y daña más poderosamente a quien se propuso hacer el mal tratando de amargar la vida a quien es feliz, a quien vive del otro lado de la oscuridad, a quien considera sabiamente que el tiempo no es para perderlo sino para aprovecharlo, a quien desea construir espacios de reconciliación verdadera para que no volvamos a andar sobre los errores que nos condujeron a desenlaces fatales que al final nos hicieron perder a todos.
Yo estoy seguro que esos que se hunden sobre arena movediza porque la maldad no los deja quietos y los impulsa a seguir dando y dando patadas o coces sobre el aguijón es porque hay un germen y bacteria que se los está comiendo vivos y es “LA ENVIDIA”.
LA ENVIDIA es un cáncer y produce metástasis en quienes la padecen y lo que la provoca no es el dinero que uno pueda tener, mi carro, mi casa o cuantas cosas materiales haya logrado, porque el envidioso puede tener eso y muchísimo más, sino que reacciona y se revuelca ante mi esencia, mi energía, por lo que hago bien y él o ella no puede lograr.
LA ENVIDIA se retuerce por el éxito en mi familia, mis talentos, mi aura, mis relaciones con las personas, en cómo trato a los demás, en cómo me tratan los demás, en cómo me manejo ante los valores de la vida, que soy capaz de dar, porque recibo tantas bendiciones, porque tengo tantos amigos, porque me respetan, porque me creen, porque me siento tan seguro, porque tengo éxito, porque nunca me doy por vencido, porque tengo tanta fuerza.
Cuando LA ENVIDIA es cegada por la luz, porque su habitad común es la oscuridad, se convierte en una de las emociones menos toleradas en la sociedad, en una expresión profundamente rechazada porque es motor de comportamientos destructivos que desembocan en la venganza contra todos aquellos a los que termina odiando.
LA ENVIDIA es un sentimiento doloroso que daña a quien lo padece por el deseo de tener algo que no tiene y que otro si tiene y esto hace sentir tremendamente vulnerables a quien sufre este cáncer. Es frecuente que LA ENVIDIA incite sentimientos de ira, destrucción, celos, y venganza como una forma de satisfacer o calmar la angustia y frustración de que yo no puedo conseguir algo; pero la ira y la venganza son un pobre manejo de este sentimiento porque se basa en destruir lo que otro tiene y eso que hace LA ENVIDIA inaceptable porque es contrario a los sentimientos placenteros de amor, protección, alegría y bienestar de la mayoría porque hay que decir gracias a Dios que los envidiosos son pocos, pero indudablemente sus frustraciones siempre hacen ruido.
Ahora cuando hablo de ruido no es que tengan éxito en sus tristes frustraciones que los empuja a LA ENVIDIA, sino a la toxicidad del veneno que lanzan para descalificar y deslegitimar lo que ellos ni pueden tener, ni pueden alcanzar y entonces es cuando se imponen validar aquello de que si no es para mí no es para nadie.
LA ENVIDIA es una atracción fatal por la oscuridad y un distintivo monumental por la mediocridad. Es la que charchalea de felicidad cuando patea la gloria y el éxito de los demás. Es el rastrar serpentero de los perdedores. Es la venenosa burla que brota hiel de las entrañas abiertas en aquellos que se saben insignificantes bichos que únicamente pueden hacer gala de su propia fealdad y como son tan monstruos por dentro y por fuera entonces tratan de corromperlo todo, de tergiversar, manipular, contrariar, calumniar, difamar, no importa que el fin les justifique el medio, pero lo determinante para estas guabinas bocateras, es hacerse lucir como el maldoso o la maldosa, cuando lo que en realidad muestran es la validación del porqué les llamamos miserias humanas.
Quise tocar el tema de “LA ENVIDIA” porque por ella mueren lentamente los que habiendo nacido, equivocadamente aquí, mientras pudieron, nunca hicieron absolutamente nada por el país, como sí hacen Daniel Ortega y Rosario Murillo y de la misma manera el FSLN y el sandinismo y también los independientes y todo aquel que entendió que la reconciliación es el único camino.
Los que no lo entienden así son los que envidian nuestra capacidad de ir defensivamente diez pasos delante de cada conspiración contra Nicaragua; son los que envidian la dignidad y resistencia mística con que respondemos a cada una de sus imperdonables agresiones; envidian el valor de cada hombre y mujer de este pueblo que vigorosamente hace suyo el pensamiento Dariano de que si la patria es pequeña uno grande la sueña; envidian que nuestro talento comunicador sea una pared infranqueable contra la mentira que es la carta de presentación de los perdedores; envidian que el mundo nos reconozca los modelos sociales que el sandinismo creo para el pueblo en diferentes esferas revolucionarias que hoy nos dan predominio y liderazgo en el planeta y en nuestro hemisferio, mientras LA ENVIDIA, que no sabe lo que es la democracia no hizo otra cosa desde el poder que llenarse los bolsillos con los tesoros de la Res-Pública y de ahí que hayan querido recuperar aquella vida palaciega con el fallido golpe de estado de 2018, que se estrelló contra la voluntad de un pueblo que es libre, soberano e independiente.
Yo debo reconocer en los envidiosos, que tienen por poder una carga enorme de odio que llevan encima y buscan a quien tirarla desesperadamente porque quieren que seamos parte de su frustración y mezquindad. Es un poder enorme que malgasta el mundo que habitan. Es una fuerza bruta que se presenta en ellos con envidia, ira, rencor o ignorancia y los conduce a conflictos, enfrentamientos y guerras internas que no paran porque están totalmente desbocados.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA













