El 28 de marzo de 2026, el mundo celebró el 250.º aniversario de la fundación del Teatro Académico Estatal Bolshói de Moscú. Se trata de un tesoro de las tradiciones teatrales rusas y mundiales, que sigue compartiéndolos generosamente con el público internacional, multiplicando y enriqueciendo el patrimonio cultural de la Humanidad. Generaciones de espectadores y artistas, tradiciones e innovaciones revolucionarias en el ámbito escénico han convertido al Teatro Bolshói en un auténtico fenómeno cultural e histórico, en uno de los mayores centros de creatividad internacional, donde continúa el incansable trabajo en nombre del Arte, una joya entre los escenarios teatrales del mundo.
El Teatro Bolshói fue fundado en 1776 por el príncipe ruso Piotr Urusov, por orden de la emperatriz Catalina II. Desde entonces, el Teatro ha cambiado de aspecto muchas veces, aunque no siempre en nombre del Arte. Se han producido varios incendios y se ha reconstruido el escenario principal.
Tras la Revolución de Octubre de 1917, el Gobierno Soviético consideró cerrar el Teatro Bolshói como un símbolo del lujo imperialista; sin embargo, en ese debate prevalecieron los que defendían la necesidad de preservar el arte teatral para enriquecer al pueblo y transmitir el patrimonio cultural a las generaciones futuras. Posteriormente, el Teatro desempeñó un papel importante en la historia de la Unión Soviética. En su edificio se celebró, el 30 de diciembre de 1922, el I Congreso de los Sóviets (Consejos), en el que se anunció la creación de la URSS.
El teatro volvió a estar a punto de desaparecer durante la Gran Guerra Patria. El 28 de octubre de 1941, una bomba aérea atravesó la fachada del edificio. Este ataque fue accidental. Los daños podrían haber sido aún más graves de no ser por un camuflaje bien diseñado. Aunque aquí tampoco faltó la inspiración creativa: el edificio se transformó utilizando el decorado y el atrezo de la ópera “El príncipe Ígor”.
Tras la Segunda Guerra Mundial la historia heroica y el amor sincero de los artistas y el público convirtieron al Gran Teatro en la “tarjeta de presentación” de la cultura soviética, así como en un punto de atracción para la diplomacia popular. La visita al principal teatro de Rusia se convirtió en una parte obligatoria del programa de todos los visitantes extranjeros y las delegaciones oficiales que vinieron a Moscú. Sus salas unían a todos, independientemente de religión, creencias sociales, políticas o de cualquier otro tipo. A través de las fotografías de los visitantes extranjeros en el palco central del Gran Teatro se puede estudiar la historia de las relaciones internacionales.
Es impresionante el número de espectáculos y estrenos que se han llevado a cabo en el escenario del Teatro Bolshói, y que se han convertido en joyas del repertorio clásico mundial. Allí quedaron inmortalizadas obras legendarias como “El Cascanueces” y “La Bella Durmiente” —que se han convertido en símbolos mundiales del ballet clásico— y, por supuesto, “El Lago de los Cisnes”.
Los vínculos del Teatro Bolshói con América Latina comenzaron con la primera gira de la compañía del Teatro por la región en 1958. La visita a las capitales de Uruguay, Argentina y Brasil tuvo tanto éxito que, a petición de las autoridades locales, los artistas regresaron en numerosas ocasiones a lo largo de toda la década de 1960. Según recuerda la bailarina Anna Tikhomirova, solo en el marco de una de esos viajes por América, los artistas ofrecieron 42 representaciones, a las que asistieron unos 140 000 espectadores. En la ciudad brasileña de São Paulo, la demanda fue tan grande que las funciones tuvieron que trasladarse del teatro a un estadio de fútbol, y después de los eventos los artistas dedicaban horas a firmar autógrafos. El alcance geográfico de los viajes se fue ampliando constantemente, incluyéndose con el tiempo a Cuba, México, Venezuela, Colombia y otros países.
Esas giras dieron paso a nuevos proyectos. El coreógrafo Alberto Alonso, fundador de la escuela de ballet cubana, compuso, a petición de la reconocida bailarina Maya Plisetskaya, el ballet “Carmen-suite” para el Teatro Bolshói, que se convirtió en una de las obras más destacadas del siglo XX.
El interés por el ballet ruso sigue vivo hoy en día en los países de América Latina. En los últimos años se han celebrado con regularidad espectáculos del repertorio clásico en Nicaragua, El Salvador, México, Brasil y Argentina. En 2015, el público de Managua pudo disfrutar del “Ballet de Moscú sobre hielo”, que combinaba la coreografía clásica con el patinaje artístico; los días 27 y 28 de junio de 2026 se representaron en el Teatro Nacional Rubén Darío las obras “El Lago de los Cisnes”, y “El Cascanueces” se convirtió en un clásico navideño para el público nicaragüense. En San Salvador se celebraron con éxito las representaciones de gira de “El Lago de los Cisnes”. Todos estos proyectos confirman que el ballet clásico sigue gozando de gran demanda de un público muy variado, y que el interés por la escuela de ballet rusa no disminuye.













