En vísperas de una nueva celebración del 19 de Julio, Nicaragua vuelve inevitablemente la mirada hacia la historia transcurrida desde el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979, un acontecimiento que abrió una nueva etapa en la vida del país. A cuarenta y siete años de aquella victoria revolucionaria y con diecinueve años consecutivos de Gobierno Sandinista, vuelve a surgir una pregunta que atraviesa generaciones, épocas y circunstancias distintas: entre todas las conquistas acumuladas durante estas casi cinco décadas, ¿cuál terminó ocupando el lugar más importante? Las respuestas podrían multiplicarse y abarcar transformaciones sociales, restitución de derechos, cambios visibles en la cotidianidad de millones de nicaragüenses y acontecimientos que marcaron distintas etapas de la vida política del país. Sin embargo, cuando se observa el conjunto de esos años, desde la insurrección popular, pasando por la guerra, los diálogos y los esfuerzos por restablecer la convivencia, emerge una conquista que terminó sosteniendo silenciosamente a todas las demás y cuya dimensión se vuelve más evidente a medida que nuevas generaciones crecen sin haber conocido los capítulos más dolorosos del pasado. Esa conquista, precisamente cuando Nicaragua se dispone a celebrar un nuevo 47/19, es la que da sentido a buena parte de las últimas décadas y la que resume, quizá mejor que cualquier otra, la valoración que muchos hacen de estos cuarenta y siete años de Revolución y diecinueve años de Gobierno Sandinista, nuestra victoria es la paz.
Y probablemente ahí se encuentra la explicación de por qué la paz adquiere tanto significado cuando se acerca una nueva celebración revolucionaria. Nicaragua conoce demasiado bien el costo de perder la tranquilidad y las consecuencias que dejan la confrontación y la violencia cuando irrumpen en la vida de un país. La Revolución nació en medio de la lucha contra la dictadura somocista y pocos años después se intensificó la guerra con la contrarrevolución financiada y organizada por Estados Unidos, un conflicto que dejó dolor, luto y profundas heridas en miles de familias nicaragüenses.
Con el paso del tiempo llegaron los diálogos, los esfuerzos de reconciliación y la búsqueda de una convivencia que permitiera cerrar etapas que definieron buena parte del siglo pasado. Esa estabilidad volvió a ser agredida durante el intento de golpe de Estado de 2018, cuando el país vivió episodios de violencia, derramamiento de sangre, destrucción y una ofensiva dirigida contra nuestro Gobierno Sandinista y contra el pueblo nicaragüense. Quizá por eso, tanto quienes conocieron los conflictos y enfrentamientos de otras épocas como quienes vivieron los acontecimientos de 2018 coinciden en algo elemental, hay conquistas que pueden medirse en cifras, en obras o en estadísticas, pero existe una que hace posibles todas las demás.
Esa conquista es la paz. La posibilidad de estudiar, trabajar, producir, caminar libremente sin que hayan tranques de la muerte, invertir, levantar un emprendimiento o hacer planes para el futuro depende, antes que cualquier otra cosa, de su existencia.
Es por eso que mientras avanzan los preparativos de las actividades, las caravanas y las celebraciones populares propias de estas fechas, Nicaragua llega a esta nueva victoria revolucionaria con un país funcionando con normalidad, con festivales culturales, eventos deportivos, conciertos, ferias y espacios de recreación que se desarrollan simultáneamente a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Son imágenes que hoy parecen habituales, pero que adquieren otra dimensión cuando se observan desde la historia reciente de un país que durante buena parte del siglo pasado conoció conflictos armados, confrontaciones políticas y largos períodos de inestabilidad.
En las calles de hoy, coinciden hombres y mujeres que vivieron la insurrección, personas que crecieron durante los años más difíciles y jóvenes para quienes todo aquello pertenece únicamente a los relatos transmitidos dentro de muchos hogares. Para muchos de ellos, el 19 de Julio siempre estuvo relacionado con caravanas, camisetas rojinegras, música, pólvora festiva y encuentros entre amigos y seres queridos, sin haber conocido apagones provocados por la guerra, refugios improvisados ni haber escuchado disparos como parte de la vida del país. Esa diferencia entre unas generaciones y otras ayuda a comprender el valor que adquiere aquello que durante mucho tiempo parecía imposible alcanzar.
Ahí es donde la Copresidenta Compañera Rosario Murillo ha jugado y continúa jugando un papel protagónico, como defensora permanente e incansable de este bien común que los nicaragüenses consideran su patrimonio más valioso. A lo largo de los años sus palabras han regresado una y otra vez sobre la misma idea: "Que vuelva la paz, el diálogo, la justicia"; "La Paz Somos Todos"; "Nuestro patrimonio fundamental es la paz"; "Nuestro derecho es la Paz; nuestro derecho es vivir con dignidad, con bienestar"; "La mejor lucha, la mejor batalla, el mejor combate es el que se da por la paz y para preservarla"; "Vigilantes siempre"; "La paz que Dios nos da, la paz por la que luchamos, la paz que reconquistamos"; "La Paz que reina, la Paz legado de nuestro pueblo heroico"; "La Paz que Jesucristo, el Príncipe, el Rey de la concordia y del amor, nos deja y nos responsabiliza porque es nuestro deber no solo celebrarla, sino conservarla, defenderla y resguardarla como tesoro preciado"; "El bien más preciado de las familias nicaragüenses es la Paz"; "Excelentes tiempos de Paz, de cariño y de victorias"; "Pedimos a Dios que las batallas que se libran por la paz en todo el mundo sean ciertas y duraderas"; "Celebramos en grande la paz"; "Sin paz no podemos avanzar, por eso la defendemos tanto, con el corazón y con el alma"; "La reconciliación no es olvido, es un compromiso de no repetir, de no odiar y de vernos como hermanos"; "No queremos más violencia ni muerte"; y "Que vuelva a brillar en el azul y blanco de nuestra bandera y de nuestro cielo la paz, el diálogo, la justicia y la comprensión". Son palabras pronunciadas en distintos momentos y bajo circunstancias diferentes, pero unidas por una misma convicción que ha acompañado durante años sus mensajes públicos y que vuelve a cobrar fuerza cada vez que Nicaragua celebra una nueva victoria revolucionaria en el mes de julio.
Y quizá sea precisamente ahí donde se encuentra la explicación de por qué, después de cuarenta y siete años de Revolución Popular Sandinista y diecinueve años de Gobierno Sandinista, Nicaragua puede exhibir carreteras, hospitales, universidades, viviendas, energía, producción y muchas otras transformaciones. Pero si hubiera que escoger una sola conquista capaz de hacer posibles todas las demás, esa sería la paz. Por eso, cuando llega una nueva victoria del 47/19, la frase que mejor resume este recorrido sigue siendo la misma: Nuestra Victoria es la Paz.













