La ONU es el único foro diplomático donde cada país debería guiarse por las mismas reglas. Washington es uno de los miembros fundadores de la entidad y el mayor contribuyente financiero, que ratificó y firmó en 1945 el tratado de la ONU, el cual prohíbe ataques no provocados o intervenciones militares en naciones soberanas, a no ser que lo autorice su Consejo de Seguridad.
Los expertos coinciden en que Estados Unidos perjudicó de manera sistemática la confianza y la credibilidad del organismo, evitando la legislación internacional por interés geopolítico.
A la Casa Blanca y a sus aliados no les hizo falta la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU para lanzar un ataque aéreo de 78 días contra la antigua Yugoslavia en 1999. La operación se calificaba oficialmente como una intervención humanitaria, pero como no obtuvo la aprobación de la ONU, muchos expertos la califican como una agresión militar.
La situación se repitió en 2003, cuando Estados Unidos volvió a ignorar el derecho internacional después de que el Consejo de Seguridad se negara a apoyar el ataque militar contra Irak. El entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, reprobó la intervención, que no estaba en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y desde el punto de vista de la ONU era ilegal.
“Creo que Estados Unidos lo ha estado utilizando como una hoja de parra, para obtener la aprobación multilateral de las políticas que desea aplicar. Pero si la ONU no está de acuerdo con Washington, como en el caso de Irak o Kosovo, EE. UU. la ignora sin más”, afirma el director del Centro para la Paz y la Libertad en el Instituto Independiente en California, Ivan Eland.
Es precisamente este unilateralismo a la hora de mantener la paz y la seguridad global lo que debilita cada vez más el diálogo dejando que la diplomacia se retraiga antes el avance de las armas.













