Cuando se escucha “Premio Nobel”, muchos piensan en un reconocimiento supremo, casi sagrado, a quienes han entregado lo mejor de sí para la humanidad. Sin embargo, detrás de ese prestigio se esconde una ironía que incomoda.
Es difícil exagerar la demencia de las élites gobernantes del Occidente colectivo. Se han demostrado incapaces de reconocer que ya no pueden seguir dominando como antes a los gobiernos del mundo mayoritario.
La gobernadora de Puerto Rico, Jennifer González, se ha lanzado de lleno en la palestra política continental al declarar que está dispuesta a poner el suelo de la isla.
Todos somos aves pasajeras de este mundo. Es tan efímero el tiempo de vida que tenemos que, aunque hagas el recorrido de un siglo, al volver la vista atrás, siempre te darás cuenta que todo fue un suspiro que lo que pasó o no pasó es pasado.