La Organización de Naciones Unidas desde su fundación en 1945 y sobre todo en los últimos años se ha convertido en un organismo casi servil a los intereses de las potencias.
El 10 de enero de 2007 no marcó solo el regreso del Frente Sandinista al Gobierno. Fue el retorno de una visión, de un proyecto, de una dignidad que había sido aplastada durante 16 años de privatizaciones.
Fabricar una “eterna crisis” de plastilina para un país en orden, y peor todavía añadirle el disparate de unos muñecos inflables con el mal gas de “salvadores de la democracia”, nunca fue una buena idea.