Cuando se habla de rosquillas en Nicaragua se piensa casi de inmediato las que producen en Somoto.
Sin embargo, el verdadero conocedor sabe que existen al menos dos lugares más que compiten de cerca por el primer puesto, y con las que se forma una trinidad de manjares que mínimo se tienen que probar en cada visita a estos municipios.
Una de ellas son las que se consiguen en Rivas, y la otra, y sobre la que en este reportaje profundizamos, son las del municipio de El Viejo, en Chinandega y de manera particular, las cocinadas en el horno de la familia Reyes.

Tamara Teresa Tercero Reyes es la actual matriarca del negocio, que ya amasa en su haber cinco generaciones de horneadores de rosquillas y otros postres que resaltan por su sabor e identidad local.
“Rosquillas Reyes fue fundada en 1875. Fue creada por la bisabuela de nosotros. Crió a la mamá de nuestra abuelita y a la hijita le enseñó a hacer rosquillas. Era un negocio pequeñito, podríamos decir, no como en la actualidad lo tenemos nosotros”, relata Tercero repasando pasajes de su memoria, construidos por anécdotas de quienes la precedieron.
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En la actualidad, ya son casi siglo y medio de experiencia en la preparación de las rosquillas.

Para mantener vivo este legado, que sin duda tiene rostro de mujer, trabajan arduamente una gran cantidad de féminas de todo tipo de edades, pero con el entusiasmo que impregna saber que en cada bocado se entrega calidad y cariño.
“Trabajamos de lunes a sábado. En la actualidad hacemos dos quintales de maíz diario. Dos quintales de maíz se están elaborando. De eso se elaboran rosquillas, hojaldras, cosa de horno, pupusas. Nosotros tenemos que elaborar suficiente producto y por el lugar que es tan pequeño, estamos haciendo una parte de rosquillas acá y otra parte donde un hermano de nosotros”, comenta.
Tamara resalta que incluso los muebles utilizados son casi los mismos con los que se inició el negocio, en el lugar que alguna vez fuera una casita de tablas. “Es un mueble de madera que en la actualidad solo se le han cambiado las patas, pero se maneja así, por no cambiar la identidad de nuestros antepasados”, explica.

El 80% de las rosquillas se venden en la misma casa. Otro porcentaje es repartido en comercios y de forma minorista por vendedoras propias y la última parte se elabora por encargo para ser llevado fuera del país, principalmente por nicaragüenses que con orgullo envían estas muestras de gastronomía para compartir con familiares y amigos en diversas latitudes del mundo.
“A Estados Unidos, Europa, España, Panamá, Alemania y otros países. La temporada más alta de nosotros es diciembre, noviembre y una parte de enero. En Semana Santa, nosotros no dejamos de trabajar desde enero, para en Semana Santa descansar nuestros días que corresponden”, asegura sobre una de las pocas pausas que tienen en el año.

¿Qué las diferencia?
Esa es la pregunta de rigor para quienes aún no prueban estas rosquillas, pero también para el conocedor que las presume.
“Yo le voy a decir algo. ¿Usted probó? ¿Ya la probó?. Nuestra rosquilla tiene que ser porosita, tostada, ese es el último proceso de nosotros. Que la rosquilla se tueste en el calorcito del horno, para que ellas queden riquísimas y crujiente”, dice Reyes con una sonrisa que demuestra confianza en su producto, no sin antes ofrecer a degustar y así poder expresar una opinión de las mismas con conocimiento de causa.
Las Rosquillas Reyes participaron en un evento de ExpoPyme en varias ocasiones y fue en el año 2019 cuando su calidad fue reconocida con un premio.
Actualmente, se producen todos los días en este negocio familiar unas 150 cazuelejas de rosquillas, 210 de hojaldras, 25 cazuelejas de cosa de horno, 25 cazuelejas de rosquetes y una que otra cazueleja, con uno que otro bocadillo para sorprender a la clientela.





















