Un 23 de marzo de 1980 miles de jóvenes nicaragüenses empacaron lo justo para iniciar una de las epopeyas más importantes de la historia moderna como fue la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, que buscaba enseñar a leer y a escribir a casi la mitad de la población de Nicaragua de esos años.
Estos jóvenes y mujeres valientes que dejaron las comodidades de sus hogares y sus estudios universitarios, seguro no se imaginaban que su llegada a las comarcas más lejanas iba a cambiar la vida de miles de niños, niñas, adolescentes y adultos, quienes por la pobreza no habían podido estudiar.
Una de esas niñas que aprendió a leer y a escribir durante los meses de marzo a agosto de 1980 fue Petrona Pérez Oporta, quien ahora tiene 53 años y es directora en el colegio Rubén Darío en la comunidad Tierra Azul, en Boaco.
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“Para mí fue algo bonito porque realmente nos ayudó o me ayudó a mí principalmente y los compañeros que se unieron a ese llamado para aprender a leer y escribir porque no teníamos la posibilidad de decir que íbamos a ir a otra comunidad, a otra ciudad, porque realmente yo vengo de una familia pobre, desde mis 9 años trabajaba y ahora pienso que desde pequeña traía la vocación de ser maestra”, dijo la directora.
“Yo era la única niña, el resto tenía 25, 30, 40 años y a pesar que era la niña fue la primera en aprender a leer y escribir y me decía la facilitadora ahora que usted ya sabe me va a ayudar al resto de compañeros, entonces me ponían un butaquito de madera y me ponía a dar clases y ya desde ahí yo sentí que mi vocación era ser maestra”, afirmó la educadora, facilitadora y asesora.
Petrona continuó estudiando porque su sueño era enseñar a otros a leer y a escribir como lo habían hecho con ella.
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“A mis 9 años yo ya trabajaba para ayudar en mi casa a mis padres y así igual yo venía a mis clases normal por la tarde. En el siguiente año pasé directo a segundo grado. Los padres hicieron una escuelita y allí fue donde empecé a estudiar mis primeros años. Finalizando la primaria estudié en esta nueva escuela”, resaltó Petrona.
Un sueño hecho realidad
“El Gobierno es el único que se preocupa para que las personas que no saben leer puedan tener la oportunidad en los barrios, comarcas y comunidades. En ese tiempo la mayoría de gente que no sabíamos leer y ni escribir se abalanzaron porque lo miraban como quitar un obstáculo y aprovechamos el llamado que hizo el Gobierno a través del Ministerio de Educación que quería que nosotros saliéramos de esa oscuridad”, manifestó.
“Antes era más complicado porque no había mucho transporte, nos costaba movilizarnos y los caminos eran malos. En mi caso cuando yo empecé a estudiar tenía que caminar largas distancias para llegar a los puntos donde nos convocaban a capacitarnos para ya ser maestro o para lo que fuera teníamos que salir a pie e incluso arriesgando la vida porque en ese tiempo teníamos la contrarrevolución y ladrones habían más en ese tiempo”, recordó.
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Superó obstáculos tras obstáculos para lograr ser docente
Petrona estudió la secundaria en Boaco, pero no le avalaron su título y se tuvo que trasladar a Camoapa y tras dos años de estudio cerraron el programa, eso la entristeció, pero no derrumbó sus anhelos. Terminó sus estudios de secundaria y la carrera de magisterio paralelamente junto con otro de sus roles más importante en la vida como fue ser madre de un niño y una niña, que hoy son adultos preparados.
“No me di por vencida. Me retiré del Ministerio de Educación en 1990 porque me casé y me dediqué a la casa, luego me reintegro nuevamente en el 2006 con el programa Yo Sí Puedo porque me hacen el llamado que necesitaban facilitadores para atender a las personas que aún eran iletradas en la comunidad e inmediatamente acepté y desde entonces continúo y desde hace 7 años soy la directora del colegio Rubén Darío donde de niña aprendí mis primeras letras”, culminó.
El arte, un instrumento para alfabetizar
No muy lejos de Tierra Azul se encuentra Camoapa, siempre en el departamento de Boaco. Ahí habita Manuel Salvador Guevara, quien fue parte de la Cruzada Nacional de Alfabetización enseñando de una manera diferente. Llevó el conocimiento a través de la música, canto, poesía y teatro.
Desde los años 90 es docente, sin embargo, muchos años los dedicó al Instituto Nicaragüense de Cultura y en la actualidad, ya por jubilarse, se desempeña como docente del cuarto grado de educación primaria, en el colegio público Agustina Miranda de Camoapa.
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“Ser un docente es tener la capacidad de tolerancia, es tener la capacidad de humildad, es tener la comprensión y el nivel para todos los padres de familia, es poder interactuar en los pensamientos del niño y cuando un niño te da algo es porque te quiere, entonces todas esas situaciones te van encaminando como docente. Comencé desde la alfabetización y ahora con 65 años me voy tranquilo porque he cumplido mi sueño a como lo decía el General Sandino”, culminó.
“Nosotros formamos con el señor, que en paz descanse, Armando Montoya, la brigada móvil del Centro Cultural José Martí de Camoapa. En ese proceso de conciencia trabajamos en todo el municipio de nuestro pueblo llevando la cultura. En 1980 tenía 22 años y desde entonces no nos hemos desligado de ese trabajo que ha realizado la Revolución. Con la brigada cultural hacíamos teatro, hacíamos música, hacíamos poesía y hacíamos danza”, contó.
“Éramos 14 compañeros, entre ellos 2 mujeres y nos movilizábamos por todo el departamento de Matagalpa. Dormíamos en el Cine Perla, en el Club Social. Los responsables del Ministerio de Educación de aquel entonces nos dieron los puntos que íbamos a recorrer. Cuando llegábamos a las comunidades nos reuníamos con los brigadistas de educación y ellos nos comunicaban las problemáticas que tenían en ese momento. Tras la plática nosotros comenzamos como equipo a hacer poemas referidos a la problemática, hacíamos sociodramas referidos a la problemática y conversatorios con todas las personas de la comunidad para hacer conciencia de la problemática y que la misma gente buscará una solución”, declaró Manuel.
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“Llegamos a las comunidades, dormíamos con los campesinos en sus hogares, en las mismas condiciones que los brigadistas y en las mismas condiciones que vivían los campesinos. Nunca se me va a olvidar cuando se realizó el aniversario de la Revolución Popular Sandinista. En la brigada móvil de cultura Víctor Manuel Picado López de la Casa Cultural José Martín de Camoapa pudimos entonar la canción del Comandante Carlos Fonseca Amador y unas 25 mil personas que habían alrededor de esa plaza de Matagalpa la corearon con nosotros y la cantamos tres veces”, recordó emocionado.
“Cuando nosotros salimos de Matagalpa hacia Managua, eso fue una gran caravana, nos despidieron con cinco conjuntos a lo largo y ancho de la avenida de Matagalpa y estuvimos bailando toda la noche y esa camaradería, ese respeto, esa amistad que nosotros cultivamos jamás pensamos que iba a suceder. La cultura junto a la educación tuvo un proceso grande en 1980. También comenzó un fenómeno muy grande y fue que comenzamos a aglutinar a unir a los artesanos de cuero, de madera, es decir empiezan los artesanos de Camoapa a salir a ofrecer sus productos más allá de este municipio y era algo que no se había visto”, comentó.
“Hoy vemos aquí que hay muchísimos alfabetizados que son profesionales y eso fue gracias a la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización. Participamos profesores jóvenes, niños, ancianos, pero con aquel ánimo juvenil de llevar el pan del saber a toda aquellas personas que tenían esa dificultad hasta lograr bajar al 12%, eso fue algo sensacional, algo de aplaudir. No nos importaba dejar el cuero, pasar hambre porque lo más importante era dejar esa enseñanza y rescatar la cultura”, manifestó.
“En cada comunidad a la que nosotros íbamos un campesino estaba con una lámpara, con un candil, logrando escribir su nombre, logrando escribir en una pizarra de cuerina con una tiza, viendo la letra un campesino llorando porque a la mano le costaba hacer un trazo, entonces eso a nosotros nos motivaba más para recorrer más lugares y hacer las presentaciones artísticas”, culminó el profesor.
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