Mantener una buena salud mental permite a las personas ser productivas, manejar el estrés cotidiano y contribuir a un ambiente pacífico, sin embargo, lograr una comunicación efectiva y afectiva en el hogar requiere claridad en los roles familiares, la transmisión de valores coherentes y un enfoque en la enseñanza desde el ejemplo.

Doctor José Ayerdis, médico psiquiatra del Ministerio de Salud, y quien estuvo en la Revista en Vivo, compartió que "yo creo que partimos primero del concepto de salud mental, el concepto general es aquella persona que es capaz de producir, ser útil, sentirse bien consigo misma, a pesar del estrés de la vida diaria, el concepto no lo dice si tiene un trastorno mental o no lo tiene, empezamos por ahí, entonces una persona productiva para sí misma y la sociedad es una persona que hace crecer el país".

También, detalló que puede ser una persona que puede aportar paz al ambiente, "es una persona que no anda con violencia, entonces, a pesar del estrés, produce y vive bien; creo que mantener un buen estado de la salud mental es esencial para el crecimiento personal de la familia y de la comunidad".

¿Cómo se puede lograr en los hogares relaciones armoniosas, afectivas y efectivas?

Ayerdis, compartió que las familias deberían de tener claro cuáles son los roles que estos ocupan, "la comunicación tiene que ser precisa y consistente, o sea, vos no podés ser amigo de tu hijo, o sos papá, o sos mamá, o sos amigo, ese mensaje puede ser confuso".

"Es excelente que puedan tener mucha confianza, que el hijo o la hija tenga la capacidad de decir, puedo confiar en mi mamá y conversar estos temas, es excelente, el tema es que no puedes ser su amigo, porque de cierta manera tienes que poner ciertas normas", compartió.

Puntualizó, que es importante aprender a no juzgar, "esa es una de las primeras cosas para tener una comunicación adecuada, no juzguemos a los demás, en el hogar tenemos que enseñar a nuestros hijos; y a veces parece tontería, vemos una noticia y vemos una muchacha que se pudo un lápiz labial, y alguno de la familia ya está haciendo comentarios sobre esa muchacha, pero qué mensaje estamos dando, estamos juzgando, estamos opinando".

"Y ahora, ¿cuál es el problema?, ustedes lo ven en las redes sociales, alguien hace algo y hay una tonelada de información que sale de un montón de gente que ni conocen a las personas y estamos opinando de su vida, lo vemos con los deportistas, lo vemos con las figuras políticas, lo vemos con las figuras políticas, lo vemos con artistas, opinan de una manera como si tuvieras derecho a emitir una opinión", apuntó.

El médico psiquiatra resaltó que en las familias se tiene que enseñar cuál es el momento oportuno para emitir comentarios y opiniones, porque los valores nacen en el seno del hogar, aunque algunos crean que esto se asumen en la sociedad o en la escuela.

"Para lograr esa comunicación armoniosa y afectiva, tenemos que partir de estos valores esenciales, que el lenguaje que utilicemos sea claro y consistente, para nosotros los nicaragüenses que hablamos español, hay un famoso dicho que cuando seas grande vas a ser lo que querrás, cumple 19, y dicen que mientras vivas en sus casas vas a ser lo que ellos quieren y así te lo van postergando, o sea, el mensaje no es cierto, el mensaje no es claro, ese el tipo de cosas".

Afirmó que el padre y la madre tienen que decir lo que pueden hacer "no puede prometer más de lo que está en su capacidad, no pueden decir mentiras porque al final de cuentas, el gran poder que tiene el padre o la madre, la autoridad moral y ejemplo, así es cómo enseñamos".

"Mencionabas antes sobre situaciones terribles que pueden ocurrir y una de las cosas que más afecta es la violencia, lo que más nos choca, nos choca y mucho, el feminicidio, el abuso sexual y el abuso a los niños, la violencia física etcétera; pero una de las cosas que sucede, es sobre la autoridad moral, ¿cómo es posible que queramos enseñarle a un niño a no ser violento si cuando el niño está haciendo un berrinche usamos la violencia entre nosotros porque estamos frustrados".

"Por el ejemplo el niño está agitado haciendo cosas y viene el papá y le da un golpe, 'y te me calmas ya', gritando, o sea le estoy diciendo a un niño que quiero que se calme que no use la violencia, que no se frustre, le estoy diciendo que se calme yo frustrado, usando violencia, entonces ese mensaje no tiene consistencia, no es lógico, no es coherente, y no tiene autoridad moral", siguió.

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