Este 30 de octubre, Nicaragua perdió a uno de sus más grandes exponentes de la música popular: Pablo Martínez Téllez, conocido cariñosamente como "El Guadalupano". Su legado, no solo musical, sino también de amor por su tierra y su gente, perdurará en el corazón de aquellos que luchan por un futuro mejor.

Osman Delgado, músico e intérprete, se refirió a "El Guadalupano" como "una máquina de hacer canciones". Para él, la verdadera belleza de la obra de Martínez Téllez radica en que no compuso sus canciones para vivir de ellas, sino para que su pueblo viviera. Sus letras llamaban a la lucha, a la defensa, a la integración y al desarrollo de Nicaragua, convirtiéndolo en un verdadero guerrillero de la música.

Durante su  participación en la Revista en Vivo con Alberto Mora, transmitida por Canal 4, Osman compartió anécdotas entrañables de su amistad con El Guadalupano. En un emotivo homenaje, junto a un grupo de artistas, interpretó algunas de las canciones más icónicas de Martínez Téllez. Entre ellas, destacó "Canto de Meditación", que considera "el canto más bello de la Misa Campesina", una obra que Martínez Téllez tuvo el honor de grabar en España.

Pablo Martínez Téllez era un hombre de profundo corazón y un fiel representante del campesinado nicaragüense. Su vida estuvo marcada por el trabajo arduo: cortó algodón, trabajó como albañil, carpintero y cortador de piedra. Sin embargo, esas manos toscas, que a menudo enfrentaban la dureza del trabajo físico, también poseían la Gracia para tocar la guitarra y crear melodías que resonarían a través de generaciones.

Su legado musical no solo impactó a los sandinistas, sino que se extendió a todos los nicaragüenses, quienes encontrarán en sus canciones un refugio y una fuente de inspiración. Por este motivo, el Presidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega, otorgará póstumamente la máxima distinción del país, la Orden Augusto Sandino, a este reconocido artista. Osman Delgado subrayó que este reconocimiento es más que merecido, destacando la lealtad y el compromiso de Martínez Téllez con su comunidad.

El pueblo de León, de donde era originario El Guadalupano, y su familia pueden sentirse orgullosos de la huella que ha dejado en la historia musical de Nicaragua. Su legado vivirá en las letras y en los corazones de aquellos que continúan luchando por un país más justo y equitativo. La música de Pablo Martínez Téllez seguirá siendo un canto a la esperanza y un llamado a la unidad.

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