El año 2026 abre un tiempo político definido por un hecho decisivo en la historia de Cuba, de América Latina y del mundo. Este próximo 13 de agosto se cumplirán cien años del nacimiento de Fidel Castro Ruz, una conmemoración que remite a un siglo profundamente ligado a su liderazgo y desde el cual se aborda el centenario del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

La isla se acerca a ese centenario sometida desde hace más de seis décadas a un bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el imperialismo yanqui. Según datos oficiales presentados por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, solo entre marzo de 2024 y febrero de 2025 los daños ascendieron a 7 mil 556,1 millones de dólares, mientras que las afectaciones acumuladas del bloqueo superan los 170 mil 677 millones de dólares. Este contexto acompaña el abordaje del centenario de Fidel, cuya trayectoria política condujo la respuesta del país frente a ese genocidio prolongado.

El comandante Fidel encabezó un proceso revolucionario que comenzó en los años 50, se consolidó en 1959 y transformó de manera integral a la isla. Desde que derrotó a la dictadura de Fulgencio Batista hasta la reorganización total del Estado cubano, su conducción definió el rumbo político, económico y social del país. Nacionalizó recursos estratégicos, impulsó una reforma agraria profunda y estableció un sistema de salud y educación universales que modificaron las condiciones de vida de millones de personas, en un contexto de hostilidad abierta de la potencia vecina.

La política de agresión permanente de los gringos estuvo presente a lo largo de toda su vida política. Documentos oficiales e investigaciones periodísticas han confirmado que Fidel Castro fue objetivo de cientos de planes de asesinato organizados por la CIA, con la participación de sectores de los cubanos gusanos y estructuras del crimen organizado. Investigaciones del propio Senado de los Estados Unidos demostraron que la agencia norteamericana mantuvo vínculos con organizaciones criminales y recurrió a ellas para ejecutar operaciones dirigidas contra el liderazgo revolucionario cubano. Uno de los casos más conocidos fue el del terrorista cubano gusano Luis Posada Carriles, implicado en el intento de magnicidio con explosivos preparado en Panamá en el año 2000. Asimismo, se registraron atentados mediante explosivos, armas de fuego, venenos, sabotajes y operaciones encubiertas en distintos países. Ninguno tuvo éxito. La seguridad personal, la contrainteligencia cubana y una disciplina estricta permitieron que sobreviviera a una persecución que se extendió durante décadas.

En el siglo XXI impulsó y fundó, junto al eterno comandante Hugo Chávez, la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, como un mecanismo de integración basado en la cooperación y no en la competencia. Ese avance en la integración latinoamericana coincidió con una etapa de extrema presión interna y externa sobre Cuba. Durante el período especial de los años noventa, tras la caída de la Unión Soviética, Cuba enfrentó una crisis económica severa. Fidel dirigió al país en condiciones extremas, reorganizando prioridades, evitando el colapso institucional y manteniendo los pilares del sistema social. Esa etapa consolidó una forma de dirigir basada en el control político, la movilización social y la adaptación a escenarios adversos.

El indiscutible líder de la Revolución Cubana trascendió a otro plano de vida el 25 de noviembre de 2016, a los 90 años, después de haber dejado formalmente el poder y de mantener una presencia activa en el debate político e ideológico por medio de sus reflexiones públicas y de las visitas que recibía en su residencia de parte de líderes mundiales. Su fallecimiento cerró un ciclo biográfico, pero abrió otro en términos históricos. A una década de su muerte y a las puertas de su centenario, su figura sigue siendo objeto de análisis, debate y referencia política, tanto dentro como fuera de Cuba

Por eso el centenario no lo estamos abordando como una mirada al pasado, sino como un punto de revisión histórica. Por su parte, en aquel momento, la Compañera Rosario Murillo recordó cómo se vivió la noticia desde la experiencia humana y política compartida junto al Comandante Daniel, ambos amigos personales de Fidel.

“De pura casualidad yo pasando canales y veo… ¡no lo podía creer! Realmente no lo podía creer. El Comandante (Daniel) no me entendía cuando le decía, murió Fidel, porque no lo podía creer tampoco, acabábamos de verlo con el Presidente de Vietnam, lleno de vida. Pero bueno, uno sabe que una persona después de cierta edad y más alguien con una vida tan intensa, de tanto trabajo, siempre después de cierta edad está expuesto en cualquier momento a hacer el tránsito, pero no nos preparamos para eso, por eso no lo aceptamos, no lo entendemos y siempre hay un momento, un tiempo de incredulidad”, indicó.“Pero bueno, después uno viene pensando y pensando y dice: Fidel vive en todos nosotros, en todo lo que hacemos.

Un siglo después de su nacimiento, el impacto de sus decisiones, sus enfrentamientos con el poder estadounidense, su rol en la Guerra Fría, su influencia en la izquierda internacional y su conducción del Estado cubano siguen presentes en la realidad contemporánea, la fecha del 13 de agosto de 2026 concentra ese recorrido completo, desde la insurgencia armada hasta la construcción de un proyecto político de largo aliento. 

En ese contexto, y como cierre de este caminar histórico, las palabras de la Compañera Rosario Murillo resumen una lectura que conecta vida, legado y continuidad. 

Ella expresó textualmente:

“El Magisterio de Fidel. La Maestría de Fidel, la Supremacía Intelectual y Espiritual de Fidel. Lúcido en cada momento de la Lucha. Solidario, Responsable, Visionario, Profético. Fidel, el nacimiento de una Era, que sigue naciendo y sigue alumbrando Porvenires, con Corazón y Razón. Con Alma. Con Inspiración, Imaginación, y Confianza en lo Mejor del Ser Humano, para hacernos Mejores Seres Humanos.

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