Las élites gobernantes norteamericanas enfrentan complejas dilemas. A nivel doméstico el presidente Trump y sus asesores no respetan la constitución política de su país y a nivel mundial han abandonado el derecho internacional. Sin embargo, tienen el respaldo de gran parte de la clase política norteamericana y las fabulosamente ricas élites que dirigen esa clase política por medio de su masivo financiamiento de las campañas electorales y su corrupta influencia en el sistema legislativo. Con todo su poder y riqueza, queda demostrado que las élites gobernantes y la clase política norteamericana priorizan sus propias mezquinas intereses y nunca responderán de manera sensata a las necesidades y aspiraciones de su pueblo, siendo el principal entre estas la Paz.
A nivel doméstico, la sociedad norteamericana sufre una crisis de crecimiento productivo, una deuda externa impagable, la impactante caída del poder adquisitivo de la población y el crónico deterioro de su infraestructura, especialmente de la energía eléctrica. El incuestionable avance del cambio climático presenta una serie de formidables retos ambientales que su sistema de libre mercado solo empeora. Además, ahora experimenta el violento choque de la racista política represiva del gobierno del presidente Trump contra las familias migrantes que desestabiliza no solamente la tranquilidad social sino también toda la economía.
En el exterior, con o sin la demente torpeza de Donald Trump, el gobierno norteamericano no tiene credibilidad como un contraparte confiable. En el mundo mayoritario, los intereses norteamericanos progresivamente pierden terreno ante la influencia de la República Popular China y Rusia. Su categórica derrota político-militar en Ucrania contra Rusia abre un abanico de posibles desenlaces tóxicos que pueden envenenar todavía más las desavenencias con sus aliados en Europa, en Asia Oeste y en Asia Este. El criminal ataque contraproducente contra Venezuela ha demostrado las limitaciones del poder económico y militar norteamericano aun en su propio hemisferio: un pueblo decidido puede vencer una prolongada y despiadada agresión económica y puede disuadir una invasión terrestre.
La crisis interna norteamericana
En marzo del año pasado, el Comité del Presupuesto de la Cámara de Representantes explicó que la alza de la deuda nacional de su país, de US$36 billones en ese momento significaba una razón de esa deuda al Producto Interno Bruto (PIB) de 122 por ciento. El Comité observó, “Si el Congreso no actúa rápidamente para enfrentar la desconexión estructural entre el gasto federal imprudente y los ingresos entrantes, nuestra nación experimentará una desaparición económica lenta y dolorosa a través de un estancamiento sostenido o una crisis de deuda soberana rápida y catastrófica”. Para la política financiera del país, las consecuencias de una deuda nacional tan alta con tendencia creciente implica un marcado aumento del pago de intereses sobre la deuda y una presión sobre las tasas de interés al alza.
En términos fiscales, implica menor capacidad fiscal para responder a eventos extremos como una depresión económica o una pandemia y mayor riesgo de recurrentes crisis fiscales cada vez más difíciles de manejar. El problema de la deuda externa se enmascara hasta cierto punto para el momento con la enorme burbuja bursátil. Hace poco, el valor de todo el capital empresarial norteamericano equivalía al 363% del PIB nominal, un máximo histórico. El pico anterior en el año 2000 fue de 212% . La burbuja actual se caracteriza por el predominio de un número muy reducido de empresas que aportan más del 40% de la capitalización bursátil total del índice SyP-500.
Observadores notan que las acciones de estas empresas siguen subiendo de precio, muy por encima de las ganancias registradas. La inversión en equipos y software del sector de la Inteligencia Artificial (IA) equivale al 4% del PIB y representa por mucho la mayor parte del crecimiento del PIB nacional. Muchas fuentes financieras han calculado que el PIB real para 2025 habría sido cerca de los niveles de una recesión sin la actividad del sector de IA. Pero las grandes empresas que desarrollan la IA tendrían que aumentar sus ingresos enormemente para poder cubrir los costos de su inversión.
La posibilidad crece de la necesidad un rescate del sector de parte del gobierno cuando la burbuja colapsa, similar al rescate del sector financiero en 2008 y 2009. Aunque oficialmente esa opción está descartado, es el desenlace más probable ante el colapso bursátil que sería la alternativa. En cambio, se reporta que la industria de las manufacturas norteamericanas ha estado en recesión durante tres años y este estancamiento podría extenderse dentro de poco al sector de servicios también, ya que el poder adquisitivo de la gran mayoría de las familias en el país ha caído marcadamente.
En gran parte del país, el costo de la energía eléctrica se ha aumentado en 40% en comparación con los precios hace cinco años. El costo aun de una vivienda modesta es inaccesible para la mayoría de las familias, lo cual no les da otra alternativa que el alquiler. Para permitir que ambos padres de familia puedan trabajar, tienen que pagar un monto elevado para el cuido de sus niños y niñas pequeños, pero, si no trabajan ambos, no cubren los costos básicos de su familia para vivir. 35% de la población, 91 millones de personas, no pueden pagar el costo de un seguro médico. Más de 14% de la población no tienen suficientes ingresos para garantizar su alimentación.
Para mejorar la falta del poder adquisitivo de la población, un elemento esencial sería un aumento en la productividad. Actualmente, la relativamente alta productividad de la economía norteamericana en comparación a las economías europeas se debe principalmente al sector de servicios profesionales y empresariales. En la economía china el sector industrial es mucho más importante. Un trabajador chino produce de 2 a 3 veces más producción física que uno estadounidense. China es un líder mundial en la producción manufacturera en gran parte porque en China la inversión en su economía es más de 40% de su PIB, doble el monto de la inversión doméstica en la economía norteamericana.
Quizás el mejor ejemplo del desequilibrio en la inversión norteamericana es la burbuja de inversión en la IA en comparación con la falta de inversión en el sector de la energía eléctrica. La demanda de electricidad ahora está creciendo al ritmo más rápido en 80 años. Las autoridades reguladoras de la energía eléctrica han advertido de mayores riesgos de fallas en la red y posibles apagones generalizados por motivo de la falta de preparación en el país para enfrentar ese tipo de evento. El Departamento de Energía advierte que los apagones podrían multiplicarse por 100 para el año 2030 si se continúa cerrando fuentes de energía confiables sin garantizar una capacidad adicional mucho más grande que la capacidad que está en proceso de ser instalada.
La amenaza de una seria emergencia energética nacional existe como una posibilidad real por motivo de una falta general de inversión de largo dato. En parte para compensar por esta falta de inversión para mantener la competitividad relativo a China, el gobierno de Donald Trump impuso el año pasado agresivas aranceles contra casi todos los países del mundo. El objetivo de los aranceles fue para crear empleos y reducir el déficit comercial pero, al contrario, los nuevos aranceles han aumentando los precios a las y los consumidores de manera que empeora más la falta del poder adquisitivo de la población. A la vez, ha impedido la creación de empleos porque ha perjudicado al sector industrial norteamericano que depende de la importación de materias primas y otros insumos.
La crisis a nivel internacional
De la misma manera que el pueblo norteamericano ya no tiene fe en su corrupta clase política y su gobierno, el mundo mayoritario sabe también que es imposible confiar en los y las dirigentes norteamericanos o la buena fe de su gobierno. El gobierno de China rechaza el doble discurso de Estados Unidos y sus aliados en relación con la provincia rebelde china de Taiwan. El gobierno de Irán experimentó la traición del gobierno del presidente Trump que les invitó a un diálogo solamente para disfrazar su acuerdo con Israel para cometer la agresión terrorista de junio del año pasado. El Primer Ministro Narendra Modi y su gobierno habían confiado en la buena voluntad norteamericana solamente para tener la aplicación de punitivos aranceles y el intento de forzarlos a abandonar sus relaciones con Rusia.
Por su parte, la dirigencia de Rusia es muy consciente de la falsedad de los Acuerdos de Minsk en relación a Ucrania y de las actuales propuestas de paz de parte de el gobierno norteamericano que mantiene una campaña de ataques terroristas contra la población civil rusa e incluso hizo un atento contra la residencia del presidente Vladimir Putin. La ausencia de alguna propuesta norteamericana para reinstalar un régimen de control de armas nucleares socava la confianza en la buena fe norteamericana para evitar una guerra nuclear. En general, igual que Rusia, los países del mundo mayoritario rechazan el constante uso del terrorismo por el gobierno norteamericano y sus aliados para desestabilizar sus gobiernos y condenan su complicidad en el genocidio sionista en Palestina.
El consenso internacional es que el gobierno norteamericano es la principal fuente de inseguridad e inestabilidad en el mundo. La guerra de aranceles iniciado el año pasado por el presidente Trump ha llevado importantes países como Brasil, Sudáfrica y la India a evaluar de manera más urgente su vulnerabilidad ante el gobierno forajido norteamericano. Ahora la exigencia por el presidente Trump del territorio danés de Groenlandia ha forzado aun a sus vasallos europeos a revisar su relación transatlántico, lo cual podría señalar el fin de la OTAN. De todas maneras, la OTAN ha sufrido una herida mortal como resultado de su contundente derrota político-miltar en Ucrania. La guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania ha revelado que sus sistemas técnico-militares no sirven y su capacidad estratégica y táctica es un fracaso.
Por otro lado, el criminal ataque del gobierno del presidente Trump contra Venezuela no logró cambiar el gobierno revolucionario bolivariano. Los gobiernos más importantes de la región, Brasil, Colombia, México, también revalúan sus vulnerabilidades ante el régimen criminal norteamericano. El presidente Trump presenta como un triunfo su compra del petróleo venezolano cuando solo sus propias medidas de bloqueo lo impedía. Sin embargo, ahora existe poca voluntad entre las grandes empresas norteamericanas de aportar la enorme inversión necesaria para componer la deteriorada infraestructura petrolera venezolana, luego de más de once años de ataque económico y en el contexto de extrema inseguridad causado por la misma agresión norteamericana.
En sentidos importantes, el asalto contra Venezuela ha sido un completamente torpe fracaso. Ha provocado la oposición de importante países dentro de la región y afuera. Al amenazar las grandes inversiones que han hecho en Venezuela, arriesga mayor conflicto con Rusia y China. Se ha demostrado que las fuerzas armadas norteamericanas no quieren arriesgar tropas en el terreno para una campaña prolongada. En respuesta a la amenaza a sus intereses en Venezuela, China y Rusia tomarán las medidas pertinentes para responder al gobierno de Donald Trump en otros espacios de las relaciones internacionales de una manera que provoca serio perjuicio a la economía norteamericana o, en coordinación con Irán, restricciones sobre el paso de petróleo de empresas norteamericanas por el Estrecho de Hormuz
Conclusión
Hay una fuerte interrelación entre la crisis domestica norteamericana y la desesperación de su fracasado política exterior. La aprobación al Presidente Donald Trump entre el electorado norteamericano ha caído a alrededor de 42% a base de un promedio representativo de las encuestas contra un nivel de desaprobación de 55%, con tendencia a empeorar. Mucho comentario político norteamericano plantea como una verdadera posibilidad una crisis constitucional en relación a las elecciones legislativas en noviembre este año. El presidente Donald Trump ha dicho que, debido a la resistencia a sus altamente represivas políticas contra familias migrantes alrededor del país, él podría invocar la Ley de Insurrección y cancelar las elecciones.
Es imposible saber con seguridad que será el desenlace de la actual crisis socioeconómica y política norteamericana. Tampoco es posible saber con seguridad cuál sera el desenlace del fracaso en marcha de su zombi política exterior de agresiva extorsión. Los poderes nucleares del mundo mayoritario, China y Rusia actúan con mucha cautela. Aunque es casi seguro que ganarían una guerra convencional contra las deterioradas fuerzas armadas norteamericanas, quieren evitar la guerra nuclear que sería el desenlace prácticamente inevitable de su victoria. Las forajidas élites norteamericanas han abandonado toda norma internacional. Empujan hasta sus limites la paciencia estratégica de la dirigencia de China y Rusia y es una pregunta abierta hasta cuando se agotará.













