Además de votar por su candidato predilecto, Romney y el resto de votantes registrados en este Estado de la costa este de Estados Unidos tuvieron que manifestarse a favor o en contra de tres propuestas legislativas: una relacionada con la eutanasia, otra sobre la venta de marihuana medicinal y una tercera sobre el uso público de datos sobre automóviles.
Tras votar, Romney se puso en marcha para pasar el último día haciendo campaña en Pensilvania y Ohio, el que se prevé sea el frente de batalla más disputado de todo el país.
En la calle, las elecciones son el tema del día. Lo primero que una mujer les pregunta a dos amigas que se acaba de encontrar en una cafetería es si han votado. «Es un día precioso para votar», comenta un hombre por la calle, mirando al sol brillante en el cielo. En su chaqueta, una pegatina en la que se puede leer Obama/Biden. No sorprende que muchos por la calle luzcan estos adhesivos de color azul, ya que Massachusetts es un Estado firmemente demócrata.
Pegatinas y orgullo
En Boston, capital de Massachusetts y el lugar elegido por Romney para pasar la noche electoral, los colegios electorales abrieron a las 7 de la mañana. Frente a la Biblioteca Pública de la ciudad, uno de los colegios electorales más grandes de Boston, se agolpaba una larga hilera de personas que llevaba luchando contra el frío y esperando durante horas. «Nos han comentado que una de las máquinas no está funcionando bien», señaló una mujer que hacía cola con sus hijos. Como ella, otros muchos vecinos acudieron con sus hijos a votar. Los más pequeños no tienen clase durante la jornada electoral. Para muchos, a la alegría que supone tener un día libre se sumó el orgullo de portar en la solapa del abrigo una pegatina que reza «He votado», aunque en su caso fuera solo simbólicamente.
Además de aquellos que se acercaban a votar, también acudieron a las inmediaciones de los colegios electorales representantes de la ciudad tratando de conseguir apoyo para medidas locales. Eric Chast, un joven contable que tenía pensado votar por la tarde, se tomó el día libre para colaborar con el ayuntamiento de Boston en la recogida de firmas de apoyo a una petición para mejorar los colegios públicos en la ciudad.
«He decidido apostar por el tercer candidato, Gary Johnson, porque quiero protestar. Quiero quejarme de ambos candidatos», así de tajante se mostró Michael, un vecino del barrio de Beacon Hill que decidió a quién iba a votar de camino al colegio electoral. En su caso, confiesa que hubiera votado por Obama si no supiese que con toda seguridad ganará en Massachusetts.
Lo que más preocupa a este empresario es que los resultados no sean fáciles de escrutar, en especial en los Estados más igualados, y que un ejército de abogados comience una batalla legal por imponerse en las urnas. «Va a ser una vergüenza. Creo que no obtendremos los resultados esta noche y que el proceso se alargará con pequeñas demandas en diferentes Estados. Que el país que invade otros territorios para enseñarles lo que debe ser una democracia no pueda realizar unas elecciones de manera cívica es patético», aseveró.













