129 años atrás, el 18 de mayo, de 1895, el más grande referente de nuestro nacionalismo, Augusto Nicolás Calderón Sandino, nació en el humilde poblado de Niquinohomo en uno se esos partos marcados para la posteridad de los tiempos.
Obama, el premio nobel de la paz por matar más que nadie anterior a él, llamaba “torcer el brazo” a chantajear a un gobierno o a un personaje para que obedeciese su deseo, que era el de los cabecillas del complejo de la matanza humana.
¿Cuánto pesa en la balanza de la Historia el genocidio de los sionazis de 1948 a 2024? Pesa tanto como los gobiernos antiimperialistas y los pueblos antiimperialistas lo transmitan a los hermanos y con éstos a las generaciones futuras.
Estamos viendo en nuestras pantallas, la verdadera faz de la civilizada Unión Europea, un club de países subalternos de los EEUU, que siguen vergonzosamente su dictado con la promesa de repartirse las migajas de supuestas conquistas norteamericanas.
No sé a cuantos, el sentido común me dicta que es a muchos, pero independientemente de si gusta o no a pequeñas o grandes porciones de la humanidad yo sí me cuento entre quienes repugnamos la hipocresía porque me parece que es una de las más tristes.
Es notoria la hipocresía de las autoridades y medios estadounidenses cuando acusan a la República Popular China de ser expansionista con fines militares.